El 29 de septiembre de 2026, Mark Zuckerberg por Meta, Dario Amodei por Anthropic, Elon Musk por xAI, Sundar Pichai por Google, Jensen Huang por Nvidia y Greg Brockman por OpenAI, firmaron un documento en la Casa Blanca bajo el título White House Accord on Super Intelligence (Acuerdo de la Casa Blanca sobre Superinteligencia).
En la reunión estaban presentes: Jeff Bezos (Amazon), Satya Nadella (Microsoft), Lisa Su (AMD), Alex Karp (Palantir), Hock Tan (Broadcom), Nikesh Arora (Palo Alto Networks), Brad Gerstner (Altimeter Capital), Brandon Daniels (Exiger), entre otros, que no fimaron el acuerdo, a pesar de su vinculación directa con el desarrollo y despliegue de la IA.

Acuerdo jurídicamente no vinculante
No estamos ante una orden ejecutiva, sino ante un compromiso voluntario de autorregulación, calificado por Trump como «moralmente vinculante».
El documento comienza afirmando que «para construir un futuro positivo para el pueblo estadounidense y el mundo, creemos que cada empresa es responsable de desarrollar su propia tecnología de forma segura y de una manera que genere confianza con los clientes y el público».
A partir de ahora, «cada empresa que entrena y despliega modelos de frontera debe contar con procesos y controles internos sólidos a fin de garantizar que su tecnología funcione según lo previsto y que cualquier problema se identifique y resuelva con prontitud. Por lo tanto, además de cualquier otra precaución, creemos que cada empresa debería implementar las siguientes cuatro capas de controles y auditorías:
- Implementar controles internos sólidos para supervisar las capacidades y la alineación de sus modelos durante el entrenamiento y el despliegue en áreas como la ciberseguridad, la bioseguridad y las amenazas químicas, y para garantizar que sus modelos no pirateen ni accedan a sistemas técnicos de forma no prevista.
- Facultar a un equipo interno para garantizar que todos los controles, la supervisión y la detección funcionen según lo previsto, y que se solucionen todos los problemas.
- Colaborar con un auditor o evaluador externo independiente para llevar a cabo evaluaciones independientes sobre si los controles, el seguimiento y la detección funcionan según lo previsto.
- Designar un comité independiente del consejo de administración para supervisar y recibir informes de los equipos que gestionan los controles, así como de los auditores y evaluadores internos y externos, y para garantizar que se solucionen los problemas detectados».
El texto añade que las empresas participantes «se reunirán periódicamente para establecer estándares y mejores prácticas que permitan mejorar la seguridad de sus sistemas». Esto equivale esencialmente a autorregulación. Las empresas, al ser entidades privadas creadas para generar beneficios, priorizarán de forma natural sus propios intereses por encima de los del público.
Por último, señala que, con el tiempo, podría tener sentido codificar estas medidas en leyes o regulaciones.
Superinteligencia en lugar de Inteligencia Artificial
El mismo día, Trump firmó la orden ejecutiva Inaugurating the Era of Super Intelligence (Inaugurando la era de la Superinteligencia).
A partir de ahora, los departamentos y agencias del poder ejecutivo de Estados Unidos empezarán a usar «SuperIntelligence» y «SI» en lugar de «Artificial Intelligence» e «IA» en la correspondencia oficial, comunicaciones públicas, sitios web, informes, documentos de políticas y otros documentos no estatutarios.
Dentro de los 60 días siguientes a la fecha de la Orden, el Asistente del Presidente para Ciencia y Tecnología, en consulta con los jefes de otras agencias, presentará al Presidente una propuesta de texto legislativo para establecer una definición federal de «Super Intelligence» y «SI». La propuesta deberá incluir:
- Una evaluación de si, y en qué medida, la definición de «Super Intelligence» y «SI» debería modificar, ampliar o reemplazar de otro modo la definición legal existente de «Inteligencia Artificial».
- Cualquier enmienda de conformidad propuesta, según corresponda, a las referencias legales existentes a «Inteligencia Artificial» e «IA».
- Recomendaciones para cualquier acción presidencial o ejecutiva adicional necesaria para implementar la definición propuesta en todo el poder ejecutivo.
Sustituir el término «Inteligencia Artificial» por «Superinteligencia» es una pésima idea, pues no todas las «Inteligencias Artificiales» son «Superinteligencias». La «Superinteligencia» es una forma hipotética de inteligencia artificial que supera ampliamente la inteligencia humana en prácticamente todos los ámbitos (científico, creativo, estratégico, social y emocional), y aún no existe.
Por lo de pronto, el gobernador de California –Gavin Newsom– dictó una orden ejecutiva, al día siguiente de la de Trump, ordenando que: «Todas las agencias y departamentos sujetos a mi autoridad se referirán a la inteligencia artificial y la IA como “Inteligencia Artificial” e “IA”, sin importar cualquier cambio de marca o terminología diferente utilizada por el gobierno federal, a menos que sea incompatible con la ley».
En la orden ejecutiva, Newson dice claramente: «Si bien el lenguaje y la elección de la terminología pueden revestir importancia, pretender cambiar el nombre de algo no puede distraer a una persona de inteligencia normal de reconocer el fracaso —impotente y cobarde— de tomar medidas para abordar los riesgos emergentes de seguridad y protección, bien documentados, que dicho elemento plantea».
Conclusión
Sin un organismo que supervise el cumplimiento, sin un régimen de sanciones claro y sin plazos de implementación, el acuerdo se convierte en una declaración de intenciones cuya aplicación queda enteramente en manos de las empresas. En dos palabras: papel mojado.
Sin embargo, en la Unión Europea, los modelos de frontera que, por sus capacidades o impacto, sean clasificados como modelos de IA de propósito general con riesgo sistémico quedan sujetos a las obligaciones reforzadas previstas en el artículo 55 del Reglamento de Inteligencia Artificial: realizar evaluaciones y pruebas adversariales; gestionar y mitigar los riesgos sistémicos; notificar los incidentes graves; y garantizar un nivel adecuado de ciberseguridad del modelo y de su infraestructura.
Lo ideal sería contar con un estándar global, pero será difícil alcanzarlo a la vista de la postura de Trump y de su rechazo a regular la IA.


