Daron Acemoğlu, economista del MIT y ganador del Premio Nobel de Economía, junto con A. Arda Gitmez y Mehdi Shadmehr, publicaron en junio de 2026 un artículo con el título Automation and Repression (Automatización y Represión).
Los autores sostienen que, a medida que la inteligencia artificial y la automatización reemplacen empleos, la riqueza se concentrará en un grupo muy reducido, agravando la desigualdad. Cuando esa desigualdad alcance cierto punto, los trabajadores percibirán que están siendo aplastados y crecerá la amenaza de una rebelión. Ante esta amenaza, plantean que el Estado capitalista deberá enfrentar una decisión: gravar las renta y redistribuir la riqueza en forma de bien público o usar la fuerza para reprimir a la población.
Los autores plantean que, bajo ciertas condiciones, hay una conexión entre la automatización y la represión política. Según sus cálculos, salvo que el riesgo de revuelta sea muy bajo o el capital acumulado sea muy reducido, el Estado capitalista terminará prefiriendo la represión antes que la redistribución del capital. Dentro de la lógica del modelo, compartir la riqueza les resta poder, mientras que un Estado represivo lo preserva.
Cuando la economía parte de una democracia estable, el modelo indica que, a medida que avanza la automatización y el capital se concentra en la cúspide, las élites pueden comenzar a ver la democracia como un lastre. En ese escenario, el modelo predice que acabarían apoyando un golpe contra el sistema democrático para proteger la riqueza acumulada gracias a la automatización. Peter Thiel, ¿les suena? Es el CEO de Palantir Technologies y autor de una frase lapidaria: «Ya no creo que la libertad y la democracia sean compatibles».
Los autores advierten que si el costo de reprimir es muy alto o la amenaza de revuelta es débil, el resultado que predice el modelo es justamente el opuesto: redistribución sostenida, no represión.
Conclusión
No cesan las noticias advirtiendo que la IA y la robótica revolucionarán el mercado de trabajo: algunos empleos desaparecerán rápidamente, surgirán otros nuevos, pero no está claro si serán suficientes para compensar las pérdidas. Además, la necesidad de formarse y adaptarse a las nuevas tecnologías puede dejar a mucha gente fuera del mercado. Ante este escenario, cabe preguntarse: ¿cómo reaccionará una población sin empleo? ¿Habrá represión o reparto de capital? El tiempo dirá.
Si la amenaza de revuelta es débil o el capital es muy bajo, el Estado capitalista prefiere la represión. Un mayor capital, a su vez,
fomenta una mayor automatización y, por lo tanto, una mayor represión.


