Luiza Jarovsky es una de las voces más influyentes a nivel mundial en gobernanza de la inteligencia artificial, privacidad y regulación tecnológica.
En Luiza’s Newslette ha publicado un artículo titulado When AI Becomes a Religion (Cuando la IA se convierte en religión).
Jarovsky plantea que la IA se presenta al mundo, de manera implícita pero constante, como un «salvador poderoso, omnipresente, omnisciente, intangible, anónimo y misterioso, que liberará a la humanidad de sus desafíos más profundos y traerá abundancia». No le falta razón: solo hay que escuchar a Elon Musk y al resto de tecnócratas.
Jarovsky enfrenta la idea tradicional de Dios –distante, exigente y rodeada de rituales, miedos y obligaciones morales– con la IA que se presenta como una entidad con la que se puede interactuar directamente, que responde de inmediato, de forma agradable e incluso aduladora. No exige fe ciega ni sacrificios. Solo pregunta. Y responde.
Muchos de quienes rechazan, con virulencia, las religiones tradicionales, considerándolas anticuadas e incompatibles con la modernidad y el progreso, no advierten que están reproduciendo la misma estructura de pensamiento con la IA. Cada religión nombra a su “salvador” y define la “abundancia” a su manera. La estructura, sin embargo, es la misma.
El problema de tratar la IA como una religión
Jarovsky afirma que, si la IA funciona como una nueva religión, conviene ser honestos.
En primer lugar, cuando la gente predica sobre esta nueva religión, su salvador y la esperanza de abundancia, debemos tratarlo como lo que es: un sermón.
En segundo lugar, a medida que los gobiernos adoptan abiertamente esta tecnología y la vinculan a sus planes políticos y económicos, «la IA se convierte oficialmente en la religión más poderosa del mundo, infiltrándose en escuelas, lugares de trabajo, gobiernos y todas las instituciones humanas. Nunca antes habíamos visto un proceso similar en la historia de la humanidad».
En tercer lugar, se trata de una «religión extraña y nueva, desarrollada y perfeccionada por humanos, basada en decisiones de diseño tomadas por los mejores ingenieros de un puñado de empresas tecnológicas. Debemos reconocer que estas empresas tecnológicas pronto tendrán un poder inimaginable».
Y, en cuarto lugar, Jarovsky advierte: «La IA podría convertirse pronto también en la religión más destructiva del mundo».
A diferencia de las grandes religiones tradicionales, que suelen invitar al ser humano a superarse, a hacer buenas obras y a ayudar a los demás, los dogmas emergentes de la IA apuntan en dirección contraria: «La IA es cognitivamente superior a los humanos». Ninguna religión ha promovido, de forma tan abierta, la inferioridad de la especie humana, y esa es, precisamente, la amenaza que ve Jarovsky, porque necesitamos «creer en nosotros mismos, en nuestras capacidades, en nuestras instituciones y en nuestros valores para sobrevivir como especie».
Jarovsky espera que haya suficientes herejes que cuestionen estos dogmas.
Conclusión
Me parece un ensayo y una reflexión interesante, aunque no la comparto.
Las religiones se basan en un acto de fe: la creencia en algo sobrenatural. La IA, por muy avanzada que sea, es una tecnología creada por seres humanos. No hay nada trascendente, ni sagrado en ella.


