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— JAVIER CASAL TAVASCI

La generosidad calculada de las empresas de IA

Anthropic anunció el 18 de octubre de 2026 la creación del Fondo de Beneficio Público de Anthropic, al que la compañía destinará inicialmente el 5 % de sus acciones, sujeto a la aprobación de sus accionistas. Además, el consejo podrá añadir un 2 % adicional por cada incremento del 50 % en el valor de la compañía por encima de una referencia de valoración que aún no se ha hecho pública.

El fondo será una entidad de propiedad íntegra de Anthropic, estructurada como una sociedad de responsabilidad limitada (LLC).

Según el comunicado, este fondo se estructurará como una sociedad de responsabilidad limitada (LLC), lo que le permitirá “canalizar grandes donaciones a organizaciones sin fines de lucro tradicionales o distribuciones directas a poblaciones específicas”.

El anuncio se suma a compromisos previos de los cofundadores y empleados de Anthropic. Cuando se fundó la empresa, sus cofundadores se comprometieron a donar el 80 % de sus acciones. Además, la compañía mantiene un programa de donación de acciones con contribución equivalente de la empresa, en el que participa aproximadamente la mitad de su plantilla. Conjuntamente, Anthropic estima que alrededor del 20 % de sus acciones se destinará al bien común, sin contar las posibles ampliaciones futuras vinculadas a hitos de valoración.

El comunicado no aclara quién gobernará el fondo, qué criterios se aplicarán para seleccionar proyectos y beneficiarios, cómo se calculará la referencia de valoración y en qué momento se materializarán las futuras aportaciones.

Elon Musk y su regalo para los niños 

Al día siguiente del anuncio de Anthropic, Elon Musk publicó en X el siguiente mensaje: «El año que viene, regalaré una de mis acciones de SpaceX a cada niño de Estados Unidos. Esta será la primera de muchas». Musk no dio detalles operativos, pero el contexto apunta a que se distribuiría a través de las Trump Accounts (cuentas de inversión con ventajas fiscales para niños estadounidenses).

Con cerca de 73 millones de niños menores de 18 años en Estados Unidos y un precio por acción de SpaceX de 146,03 dólares (según el cierre previo al anuncio), el valor total de la donación ronda los 10.660 millones de dólares. Aunque es una cifra considerable, apenas representa el 1 % de su patrimonio personal y de las acciones que controla. No cambia radicalmente la distribución de poder ni de riqueza, si bien genera titulares muy positivos asociados a SpaceX/xIA.

Musk plantea que es preferible que las personas (empezando por los niños) tengan propiedad directa en las empresas del futuro en lugar de depender de las ayudas públicas y los gobiernos.

OpenAI y su Fundación

Tras su reestructuración, la OpenAI Foundation, la entidad sin ánimo de lucro que controla la compañía, conserva una participación del 26 % en OpenAI Group y puede recibir capital adicional si el valor de la empresa se multiplica en los próximos años.

La fundación ha propuesto un Fondo de Riqueza Público para distribuir parte de los retornos de la economía impulsada por la IA directamente entre la población.

Alphabet y filantropia tradicional

Alphabet no ha anunciado un mecanismo equivalente basado en destinar un porcentaje de sus acciones a un fondo de beneficio público. La compañía sigue apostando por la filantropía corporativa tradicional a través de Google.org. 

Desde hace años, Google.org destina cientos de millones de dólares anuales a proyectos de gran escala en áreas como salud, clima, educación. Además, tiene iniciativas específicas como Google.org Impact Challenge: AI for Science. En 2026 adjudicó 36 millones de dólares a 17 organizaciones de todo el mundo para acelerar descubrimientos científicos con IA.

Conclusión

Esta oleada de generosidad no es casual. Llega en un momento en que la IA genera tanto entusiasmo como rechazo, y las empresas que la controlan necesitan legitimidad social. Crear fondos de beneficio público o regalar acciones a los niños suaviza la oposición y compra tiempo político.

Históricamente, las grandes tecnológicas han recurrido a grandes gestos mediáticos cada vez que el escrutinio público se intensificaba. Cambian las fórmulas, pero el objetivo sigue siendo el mismo: mostrar generosidad sin renunciar al control ni alterar de forma significativa la distribución real de poder y riqueza.

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