En un artículo de opinión publicado en The New York Times el 1 de junio de 2026, titulado La IA es un recurso público. Deberías poseer la mitad, el senador estadounidense por Vermont, Bernie Sanders, presentó lo que denomina la Ley del Fondo Soberano de Riqueza para la IA estadounidense.
Según su propuesta, el gobierno federal adquiriría la mitad del capital social de cada una de las principales empresas de IA mediante un impuesto único del 50 %, pagadero en acciones en lugar de efectivo. Dichas acciones se incorporarían a un fondo soberano de inversión de nueva creación, lo que otorgaría al gobierno derecho de voto y una representación equitativa en los consejos de administración de cada empresa.
Sanders señaló que Noruega y Alaska cuentan con fondos soberanos de riqueza. El de Noruega, financiado con los ingresos del petróleo y valorado actualmente en más de 2 billones de dólares, y el de Alaska, también respaldado por el petróleo y que lleva aproximadamente 50 años repartiendo dividendos anuales entre sus residentes, demuestran que los vehículos de inversión pública pueden generar rentabilidades duraderas para los ciudadanos. Sin embargo, no menciona que estos fondos se basan en recursos naturales –como el petróleo– cuyo subsuelo pertenece al Estado, a diferencia de la IA, que depende de grandes inversiones y de una innovación constante para avanzar.
La propuesta de Sanders llega días después de que dos legisladores progresistas, la senadora Elizabeth Warren (demócrata por Massachusetts) y el representante Greg Casar (demócrata por Texas), pidieran por separado nuevos impuestos a la IA para financiar iniciativas de empleo, atención médica universal y otros programas destinados a mitigar el desplazamiento económico a gran escala que se prevé.
Sanders ha sido una de las voces más destacadas en advertir sobre el potencial de la IA para provocar un desempleo masivo. El 2025, su oficina publicó un informe que estimaba que la IA podría eliminar casi 100 millones de empleos en Estados Unidos durante la próxima década. No obstante, estas estimaciones varían considerablemente y a menudo resultan exageradas, ya que muchos estudios indican que la IA transforma más empleos de los que destruye.
Riesgos
De materializarse la propuesta, el gobierno federal tendría la capacidad, mediante sus derechos de voto y su presencia en los consejos de administración, de bloquear decisiones que pudieran ser contrarias a los intereses de los ciudadanos, pero también influenciadas por lobbies; en la práctica, esto implicaría una mayor intervención pública en el desarrollo y la gestión de la IA. Asimismo, la experiencia histórica sugiere que las empresas estatales o semiestatales tienden a ser menos eficientes y más propensas al clientelismo.
Sanders plantea la medida como una devolución de valor a sus legítimos propietarios, bajo el argumento de que la IA se ha construido sobre la base de la producción creativa colectiva de millones de personas –incluyendo libros, canciones, periodismo, investigación científica y código–, en muchos casos utilizada sin consentimiento ni compensación. Sin embargo, este razonamiento presenta un problema evidente: no todos los creadores son estadounidenses, por lo que muchos de quienes han contribuido a ese valor quedarían fuera de los beneficios del fondo.
A lo anterior se suma el riesgo de socializar las pérdidas en caso de que el Estado participe como accionista: si el negocio fracasa, es el contribuyente quien asume el coste del rescate, y este no es un temor menor si se tiene en cuenta que, a día de hoy, la inmensa mayoría de las empresas de IA opera en pérdidas.
Trump y Sam Altman
J. D. Vance, vicepresidente de Estados Unidos, afirmó en una entrevista que al presidente Trump le gustaría hacer algo parecido a lo que propuso Sanders, si bien no se conoce ninguna iniciativa al respecto.
Adelantándose a los acontecimientos, como una especie de cortafuegos, el CEO de OpenAI, Sam Altman, ofreció al Gobierno de Estados Unidos una participación del 5 % de la compañía.
Conclusión
La propuesta de Sanders plantea más riesgos que soluciones, al abrir la puerta a una intervención estatal que podría frenar la innovación, distorsionar el mercado y concentrar un poder excesivo en manos de políticos.
En mi humilde opinión, la fórmula clásica –es decir, impuestos y mayor regulación de la IA– parece más acertada. Comparto en gran medida el diagnóstico de Sanders sobre la IA, aunque no su solución.


