Mike Krieger, cofundador de Instagram y actual director de producto de Anthropic, ha puesto sobre la mesa una de las verdades más incómodas de la actual fiebre por la IA.
En una entrevista en el podcast Superhuman AI: Decoding the Future, Krieger explicó que gran parte de la adopción empresarial de herramientas de IA no respondió a un plan estratégico sólido, sino a un potente AI FOMO. La presión competitiva y el temor a perderse la siguiente ola tecnológica pesaron más que cualquier cálculo racional de retorno. El resultado: herramientas desplegadas a gran escala cuya utilidad real nunca se midió de forma rigurosa.
Ahora las empresas exigen un retorno de la inversión (ROI). Esa fase de experimentación impulsada por el FOMO está terminando. Krieger señala que las empresas han pasado a exigir un ROI concreto. Ya no basta con tener IA, ahora hay que demostrar que la IA genera un valor tangible. Krieger propone prestar atención a las métricas de uso diario activo. «La gente no usa una herramienta día tras día si no aporta valor», afirmó. Si el uso cae o se mantiene marginal, el ROI probablemente no se está materializando.
La declaración está entre el minuto 15:51 y 16:30
Conclusión
El incremento notable del coste de la IA obliga a las empresas a exigir un retorno de la inversión rápido y medible. De lo contrario, deberán replantear su estrategia de contratación.


