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JAVIER CASAL TAVASCI

La paradoja de Bill Gates: impulsa la IA y ahora la teme

Otro magnate que nos alerta sobre la inteligencia artificial: Bill Gates. Lo hace en un ensayo que titula The turbulent AI era is here. The choices we make now are critical («La turbulenta era de la IA ya está aquí. Las decisiones que tomemos ahora son cruciales»).

Gates dice que «la IA será o bien el mayor igualador jamás inventado, o bien la peor fuente de injusticia». El resultado, afirma, dependerá de las decisiones que tomemos ahora. ¿Tomemos? Como si nosotros tuviéramos la oportunidad de participar en esas decisiones.

Grandes riesgos de la IA

Gates habla de tres riesgos principales:

1º) Desaparición masiva y permanente de empleos

Según Gates, los empleos más vulnerables son los de nivel básico e intermedio, aquellos que ocupan los jóvenes. Los nuevos puestos que se creen requerirán, en su mayoría, habilidades que se tardan muchos años en adquirir.

Gates señala que «los empleos en ventas y atención al cliente, ingeniería de software y asistencia jurídica podrían ser de los primeros afectados, pero la disrupción se extenderá mucho más a medida que la IA asuma tareas que hoy en día todavía requieren trabajadores capacitados: cosas como evaluar solicitudes de préstamos, realizar análisis de datos e incluso clasificar pacientes».

Sobre la creación de nuevos empleos, afirma: «Algunas áreas, como la ingeniería de software, generarán nueva demanda a medida que los costos disminuyan, por lo que la pérdida neta de empleos en esas áreas será menor que en otras, siempre y cuando algunas tareas, como el diseño, sean mejor realizadas por humanos».

Los trabajos manuales también se verán afectados. La responsable no será la IA, al menos de forma directa, sino la robótica. Cree que los robots inteligentes comenzarán a competir con las personas en algunas tareas físicas, por ejemplo en la construcción y la hostelería, a finales de la década, es decir, en menos de cinco años.

La combinación de IA y robots generará un ciclo vicioso. Alerta de que «una vez que una empresa los adopta y utiliza el ahorro para bajar sus precios, sus competidores se verán presionados a hacer lo mismo. Si las empresas ya establecidas no los adoptan, lo harán las nuevas empresas. Muchas personas cambiarán de empleo, pero la incertidumbre de perder el trabajo, reciclarse profesionalmente y encontrar otro será considerable».

El mayor cambio llegará cuando la IA trabaje casi sin errores y sin supervisión humana. Esto alterará la concepción del trabajo, los ingresos y la seguridad económica, y se pregunta: ¿cómo funcionará una economía basada en el empleo si menos personas trabajan o si muchas trabajan menos horas?

Un desempleo alto genera efectos en cadena y pone como ejemplo el aumento de muertes por sobredosis de opioides en comunidades afectadas por cierres de fábricas en Estados Unidos.

Gates afirma: «Debemos pensar ya en cómo reducir la pérdida de empleos para que todos puedan beneficiarse de la prosperidad que genera la IA. Esperar a que las personas estén desplazadas o subempleadas será demasiado tarde. La IA representa un desafío estructural para la organización de nuestra economía y exige reflexión y acción inmediatas».

2º) Empoderamiento de actores malintencionados

La IA facilitará el acceso a la información y la capacidad de ejecutar acciones lesivas: fraude, desinformación, deepfakes, vigilancia masiva y ciberataques.

También facilitará el diseño de armas biológicas y concentrará más poder en los gobiernos. A largo plazo, los propios sistemas de IA podrían actuar de formas no previstas y escapar al control humano. Esto ya ha ocurrido, en más de una ocasión.

Los atacantes adquieren capacidades más rápido de lo que los defensores pueden parchear vulnerabilidades. Y ahora viene una señal de alarma muy seria. Dice que «infraestructuras críticas como hospitales, sistemas financieros, agua, energía o prestaciones sociales están en riesgo».

3º) Daño al desarrollo de los menores y sustitución de relaciones humanas

Un chatbot dotado de IA es adictivo: siempre disponible, nunca se enfada y no empuja a salir de la zona de confort. Gates advierte que «esto les da el potencial de volverse altamente adictivos y de privarnos de las lecciones que aprendemos al conectar con otras personas».

Estudios iniciales sugieren que las personas con redes sociales más reducidas usan más la IA. Un uso emocional intenso se asocia a un peor bienestar. Dice: «Apenas estamos empezando a comprender los peligros que Internet –especialmente las redes sociales– pueden representar para el desarrollo de los jóvenes. Observamos un uso compulsivo, trastornos del sueño, ciberacoso y exposición a contenido dañino. La IA podría agravar muchos de estos riesgos, haciéndolos más persuasivos y difíciles de evitar, y no deberíamos esperar a que llegue otra generación para empezar a tomarlos en serio. Países como Australia, el Reino Unido y Noruega están adoptando medidas de protección para los niños en línea. China ha ido más lejos. Sus normas restringen ampliamente las aplicaciones de IA complementarias, prohíben los diseños que fomentan la dependencia emocional y prohíben los familiares y parejas románticas virtuales para menores».

En educación, el uso intensivo de la IA se asocia a menor pensamiento crítico. Esto es especialmente peligroso en una era de los deepfakes y la desinformación personalizada.

Beneficios potenciales (si se maximizan)

Gates insiste en que hay que equilibrar la preocupación por los daños con un optimismo fundamentado sobre los beneficios.

Si la IA solo se percibe como destructora de empleos, se perderá la confianza pública necesaria para gestionar la transición. «Si lo primero que hace la IA en la vida de la mayoría de las personas es quitarles el trabajo, quienes ya son escépticos la rechazarán rotundamente. Esto dificultará la materialización de los beneficios y es otra razón por la que los gobiernos, las industrias (incluida la médica) y las empresas de IA deberían colaborar desde ahora», afirma.

Entre los beneficios, Gates sostiene que la IA puede acelerar la innovación en energía limpia, cambio climático, agricultura, erradicación de enfermedades, etc. Estos avances pueden hacernos la vida más fácil, pero no ocurrirán de forma automática. Gobiernos y filantropía deben garantizar que lleguen a todos, especialmente a países de bajos ingresos. Recordemos que Gates tiene una fundación, de ahí su interés en destacar la filantropía como actor esencial. El conflicto de intereses causado por sus inversiones en IA es evidente, pero eso no lo dice.

La necesidad de un plan

Gates afirma que se necesita un proceso democrático que incluya a políticos, educadores, trabajadores sanitarios, líderes comunitarios y religiosos. Cita la encíclica del papa León XIV sobre la IA, que dice le «fascinó». Propone tres ideas iniciales:

a) Construir un nuevo sistema para gestionar la transición

Afirma que «ninguna de nuestras instituciones actuales fue diseñada para manejar una tecnología que se propaga tan rápido y afecta a tantas áreas de nuestras vidas. Por lo tanto, tendremos que crear otras nuevas», pero no especifica qué forma tendrían esas instituciones ni cómo superarían los problemas que afectan a las existentes.

Dice que se necesitan nuevos organismos nacionales que coordinen entre agencias e instituciones internacionales y que es necesario cierto grado de cooperación entre Estados Unidos y China.  

b) Reservar ciertos trabajos para humanos

Gates propone crear “reservas humanas”, formadas por espacios que podríamos ocupar con máquinas, pero elegimos no hacerlo. Una “reserva” es un espacio marginal. No parece la mejor de las analogías. Las razones que encuentra para justificación su creación son económicas (evitar desplazamientos masivos) o éticas (dar malas noticias médicas, cuidado de ancianos con Alzheimer, etc.).

Para Gates, la idea de la «reserva humana» plantea numerosas preguntas: ¿Quién decide qué reservamos para los humanos? ¿Qué criterios debemos usar? ¿Cómo evitar que las empresas hagan trampa y utilicen robots? ¿Qué sucede con el comercio internacional cuando un país permite que los robots fabriquen algo y otro no?

c) Reequilibrar la fiscalidad del trabajo y del capital

Si la gente trabaja menos, pagará menos impuestos sobre la renta, justo cuando más se necesite la red de seguridad social.

Gates propone gravar los «tokens» de IA y los robots. Actualmente, contratar a una persona genera impuestos de nómina, mientras que comprar un robot suele ser deducible de inmediato.

Hace años, Gates propuso un impuesto a los robots y la mayoría de las reacciones fueron que era una idea extraña. Sigue siendo un firme defensor de ella. Si bien no es la solución definitiva a la amenaza de la IA, forma parte de una respuesta sensata.

Conclusión

Es paradójico que uno de los mayores impulsores de la IA sea precisamente quien alerte sobre sus riesgos y plantee preguntas para las que no tiene respuesta. 

El tema de la IA es realmente serio y urge un debate social, serio y pausado, porque este es un tren del que no sabemos ni qué velocidad alcanzará, ni qué impacto tendrá en nuestras vidas, pero que ha echado a rodar y no se detendrá.

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