En marzo de 2022, las Ray-Ban Stories salieron a la venta en España. Son las clásicas gafas de sol de pasta de Ray-Ban, pero con tecnología integrada, como una cámara dual de 5 megapíxeles que permite capturar fotos en alta resolución y grabar vídeos de varios segundos con estabilización, HDR y optimización para grabar en movimiento. Además, incorporan dos altavoces y tres micrófonos que facilitan escuchar música, realizar llamadas manos libres y grabar audio envolvente en los vídeos. La segunda generación, lanzada en octubre de 2023 bajo el nombre Ray-Ban Meta, mejoró estas características, y en septiembre de 2025 se presentó la versión más reciente, Meta Ray-Ban Display, con avances como una cámara de 12 megapíxeles para vídeos en 3K Ultra HD, batería extendida hasta 6 horas, y funcionalidades de IA para asistentes virtuales, procesamiento en tiempo real y un display integrado para realidad aumentada.
Lo que me preocupa de estos dispositivos es la cámara, que a cierta distancia pasa completamente desapercibida. La apariencia tradicional de las gafas no ayuda a distinguirlas de modelos convencionales, lo que agrava los riesgos de abuso.

Estas gafas –desarrolladas por Meta– permiten al usuario hacer vídeos y fotografías, ya sea a través del botón de captura integrado en la montura o por comandos de voz, que se pueden descargar, guardar, editar y compartir en Facebook, Instagram, WhatsApp, Messenger y X, entre otras plataformas, mediante una aplicación complementaria (Meta View).
Las gafas, vinculadas con el smartphone a través de Bluetooth, permiten escuchar música y gestionar llamadas telefónicas, pero estas bondades no me preocupan. Lo que, realmente, me incomoda es que puedan invadir la privacidad e intimidad de cualquier persona, pues difícilmente sabremos que nos están grabando o fotografiando. Su apariencia normal las hacen parecer inocentes, pero no lo son. Imaginen lo que un voyeur puede hacer con estas gafas en patios de recreo, zonas de baño, vestuarios… es incomprensible que se permitan comercializar bajo una apariencia inocente.
En 2025, Meta ha presentado nuevos modelos, por ejemplo, las Oakley Meta Vanguard destinadas a deportistas. La luz indicadora de grabación es sutil y me preocupa que su normalización en entornos cotidianos erosione aún más la privacidad, especialmente en actividades al aire libre donde la vigilancia no consentida es más factible.

En México, durante las pruebas de admisión para las carreras del área de la salud en la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, un aspirante fue sorprendido utilizando unas gafas inteligentes con las que intentaba grabar la evaluación sin autorización. Este caso podría ser solo un ejemplo entre muchos. Lo pillaron in fraganti, pero ¿qué pasaría si no lo hubieran descubierto?
En septiembre de 2021, la Comisión de Protección de Datos de Irlanda (DPC) y la autoridad italiana de protección de datos (Garante per la protezione dei dati personali) emitieron un comunicado conjunto en el que expresaron su preocupación por la forma en que las personas captadas en fotografías y vídeos pueden ser notificadas sobre que están siendo fotografiadas o grabadas. A diferencia de los smartphones, cuya uso es visible, la luz indicadora de estas gafas es pequeña y puede pasar desapercibida o incluso cubrirse con adhesivos. Ambas autoridades solicitaron a Meta que demostrara la efectividad de la luz LED como aviso y que realizara campañas informativas para alertar al público sobre esta nueva forma menos evidente de grabación. No me consta que el requerimiento haya surtido efectos positivos.
La marca china Xiaomi también cuenta con su propio modelo de gafas inteligentes, las Xiaomi AI Glasses. Estas incorporan una cámara frontal de 12 megapíxeles capaz de grabar vídeo en resolución 2K a 30 FPS, con estabilización electrónica que garantiza imágenes y vídeos fluidos. Además, disponen de cinco micrófonos para capturar audio con alta calidad. Tienen un indicador luminoso junto a la cámara que se enciende cada vez que esta está en uso, pero es casi imperceptible.

Otro modelo en venta son las Spectacles de Snapchat. Cuentan con varios modelos, dotados de dos cámaras ubicadas a ambos lados de la montura que permiten captar imágenes con alta resolución (2592 x 1994 píxeles) y vídeos con una duración de hasta 60 segundos.

Las primeras gafas con cámara y micrófono fueron las Google Glass. Salieron al mercado en el 2013 y causaron un gran revuelo. Como anécdota, les diré que los casinos de Las Vegas y Atlantic City las prohibieron en el interior de sus locales porque podían emplearse para hacer trampas. Igualmente, se prohibieron en los locales de alterne.

Las Google Glass se discontinuaron para el público en general en 2015 tras las duras críticas recibidas por su intromisión en el derecho a la privacidad. Aunque se relanzaron ediciones empresariales en 2017, Google cesó todo soporte y ventas en marzo de 2023,
El riesgo es mayor de lo que imaginamos. En octubre de 2024, dos estudiantes de la Universidad de Harvard, AnhPhu Nguyen y Caine Ardayfio, lograron modificar las gafas inteligentes Ray-Ban Meta para dotarlas de un sistema de reconocimiento facial basado en inteligencia artificial. Durante una demostración pública, uno de ellos se acercó a una mujer, escaneó su rostro y, en cuestión de segundos, obtuvo su nombre y diversa información personal disponible en Internet.
Meta es consciente de ese potencial y está trabajando en dos modelos avanzados: Aperol y Bellini. Impulsadas por inteligencia artificial, serán capaces de realizar reconocimiento facial en tiempo real, identificando automáticamente a las personas por su nombre y detectando sus rostros con gran precisión, todo ello sin necesidad de consentimiento previo. De comercializarse será el adiós definitivo a la privacidad en un mundo cada vez más conectado.
Conclusión
No estoy en contra de las nuevas tecnologías –al contrario, las valoro– pero los derechos fundamentales, como el derecho a la privacidad, deben garantizarse y a mi juicio este tipo de gafas no ofrecen garantías adecuadas, y me preocupa que las autoridades de protección de datos normalicen su uso, relegando a los tribunales la tarea de determinar si ha habido una intromisión ilegítima en la intimidad de las personas. Para entonces, el daño ya estará hecho y, en muchos casos, será irreparable.
Este tipo de dispositivos deberían contar con una señal clara, inconfundible y que no sea manipulable para indicar que están en funcionamiento. Aunque la siguiente fotografía lo plantee en tono de broma, es indispensable que exista algún elemento distintivo que las diferencie de unas gafas convencionales, si realmente vamos a convivir con ellas.
Actualización (29.05.2025)
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