En Argentina, el gobierno de Milei envió al Congreso un proyecto de ley que modifica la Ley de Sociedades y se enmarca en el llamado “Super RIGI” (Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones).
Esta reforma de la Ley de Sociedades permitiría la creación de “Sociedades de Inteligencia Artificial”, esto es, entidades jurídicas sin ningún socio humano, integradas exclusivamente por programas de IA. También reconoce las organizaciones autónomas descentralizadas (DAO), estructuras gobernadas por código en una cadena de bloques (blockchain), a las que le otorgan personalidad jurídica y responsabilidad limitada (la aproximación más cercana a una empresa operada por acción algorítmica autónoma).
Partiendo de la previsión de que, en menos de diez años, los agentes de IA podrían generar hasta el 90 % del PBI mundial, el Gobierno argentino busca posicionar al país como jurisdicción de referencia para estas nuevas entidades. En esencia, se pretende replicar el modelo de Irlanda, convirtiendo al país en un paraíso fiscal para la IA.
Implicancias éticas, legales y prácticas
Esta propuesta plantea diversos interrogantes, por ejemplo, si una “Sociedad de IA” causa daños a terceros, ¿quién asume la responsabilidad: el desarrollador, el proveedor de la infraestructura, los inversores o la propia entidad carente de patrimonio humano? Y, en tal caso, ¿cómo se articula un régimen de responsabilidad civil o administrativa?
Desde una perspectiva laboral y socioeconómica, ¿se prevén mecanismos compensatorios ante una eventual sustitución masiva de empleo humano? ¿Debe imponerse algún tipo de contribución o responsabilidad social a estas entidades?
Finalmente, en el plano ético, ¿resulta aceptable reconocer personalidad a sistemas que carecen de conciencia, intencionalidad o responsabilidad moral?
Conclusión
Este tipo de sociedades no generaría ningún empleo y la riqueza se concentraría en manos de unos pocos. Reconocer jurídicamente a entidades no humanas como sujetos económicos podría contribuir a normalizar la sustitución masiva de trabajadores humanos, sin obligación alguna de compensación.


