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JAVIER CASAL TAVASCI

Ciudadanía y Vigilancia Algorítmica

Para este artículo me baso en un estudio publicado por Diego Sebastián Sánchez Chumpitaz y José Enrique Abarca Del Carpio con el título La exportación del modelo de vigilancia chino: inteligencia artificial, crédito social y el impacto en la seguridad global y los derechos humanos en la Revista Científica en Ciencias Sociales. Si tienen tiempo, les recomiendo encarecidamente su lectura.

El conocido como «Sistema de Crédito Social» (SCS) impuesto por el gobierno de China en su territorio es una infraestructura estatal desarrollada mediante la implantación de sistemas de reconocimiento facial, inteligencia artificial, big data, automatización administrativa y redes 5G que se configura como un régimen de supervisión ciudadana. El SCS integra evaluaciones locales y sectoriales para monitorear y regular comportamientos.

El SCS se consolidó con el proyecto «Escudo Dorado» y el «Gran Cortafuegos de China», que permiten al Partido Comunista Chino ejercer un control integral sobre la circulación de información y la conducta social mediante el bloqueo de sitios web extranjeros, filtrado de palabras clave, control de las VPN y el flujo de información en línea dentro de China. Su objetivo es evitar que los ciudadanos accedan a contenidos considerados contrarios a las políticas del Partido Comunista, promoviendo el uso de plataformas nacionales alternativas como WeChat y Weibo. El Plan de Acción de Crédito Social 2024-2025 incluye penalizaciones por el uso de VPNs no autorizadas.

El SCS busca clasificar o perfilar a la ciudadanía en función de su comportamiento y prácticas cívicas, registros económicos y patrones de interacción digital. Para legitimar el sistema, el gobierno recurre a la necesidad de garantizar la estabilidad social y el mantenimiento del orden público. 

El Plan de Construcción del Sistema de Crédito Social del Consejo de Estado, aprobado en 2014, habilitó los mecanismos de calificación individual sin requerimientos de intervención judicial ni garantías procesales tradicionales. Cada individuo es evaluado y clasificado de manera constante y su estatus social dependerá de esa puntuación digital. Bajo este sistema, las acciones cotidianas de los ciudadanos son monitorizadas y puntuadas, lo que determina su acceso a beneficios materiales concretos, por ejemplo, descuentos en servicios públicos, admisión preferente en hospitales o acceso a ciertos empleos, pero también trae consigo restricciones si no se alcanza determinada puntuación.

El sistema clasifica, puntúa, almacena y retroalimenta decisiones públicas desde una lógica predictiva. Las acciones del ciudadano son observadas, procesadas y transformadas en una puntuación o índice de confiabilidad. 

El desarrollo del sistema se dio en fases sucesivas. En 2015, en la ciudad de Rongcheng se inició un proyecto piloto para el despliegue del SCS, mediante la combinación de datos judiciales, bancarios y comunitarios para elaborar una puntuación cívica que determinaría el acceso a servicios públicos y la posibilidad de desplazamiento o endeudamiento. Tres años después, se inició la expansión nacional mediante tecnologías de reconocimiento facial, vigilancia biométrica y centralización de bases de datos regionales.

Las normas dejan de aplicarse solo por la fuerza y pasan a integrarse en los hábitos y decisiones cotidianas, pues el ciudadano asume que está constantemente vigilado. La autocensura surge como una forma natural de adaptación. La vida pública se vuelve predecible y los conflictos legítimos se suprimen antes de que puedan expresarse abiertamente. La frontera entre supervisión legítima y control total se vuelve difusa.

Pudiera parecer que el modelo es exclusivo de China, pero no, el sistema se ha exportación a países como Arabia Saudita, Irán, Venezuela, Nigeria o la Federación Rusa, a través de acuerdos bilaterales en los que participan empresas chinas como Huawei o ZTE.

Conclusión 

Los autores del estudio concluyen con esta afirmación: «La democracia no puede sobrevivir si abdica de su derecho a equivocarse, a disentir, a cambiar. Frente a la vigilancia sin límites, el verdadero acto de resistencia es seguir eligiendo la incertidumbre de la libertad antes que la tranquilidad del control absoluto».

No se pierda nuestro podcast sobre el artículo

 

 

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