En la universidad se realizan tanto exámenes escritos como orales. Estos últimos permiten evaluar no solo el nivel de conocimiento de la materia, sino también la capacidad del alumno para expresarse en público, pero presentan un inconveniente: la ansiedad que generan. Ese estado afecta al estudiante y, en consecuencia, puede distorsionar el resultado.
Examen socrático
Ilya Mikhelson, profesor del Departamento de Ingeniería Eléctrica y Computación de la Northwestern University, publicó el 31 de julio de 2026 un artículo titulado The Theoretical Foundation of Socratic Tests: Dynamic, Multimodal, Conversational Examinations (Fundamentos teóricos de las pruebas socráticas: exámenes dinámicos, multimodales y conversacionales), en el que propone un sistema de evaluación asistido por inteligencia artificial que combina la precisión de los exámenes escritos con la profundidad de las pruebas orales, eliminando la ansiedad del alumno.
Mikhelson señala los puntos débiles de ambos formatos. Por un lado, los exámenes escritos se basan en un sistema de puntuación sustractivo, en el que el alumno empieza con la nota máxima y se le van restando puntos por cada error que comete. Según el autor, este sistema hace que los alumnos teman arriesgarse, castiga a quienes intentan pensar de forma más ambiciosa y suele medir más la capacidad de memorizar que el verdadero conocimiento de la materia. Por otro lado, los exámenes orales activan en el estudiante un filtro emocional, una barrera de ansiedad y miedo a ser juzgado que bloquea su memoria, afectando al resultado de la prueba.
La solución que plantea es un examen dinámico, escrito y conversacional, dirigido por un sistema de IA. En lugar de limitarse a medir lo que el alumno ya sabe, el sistema observa cómo responde a pistas graduadas y cuantifica el apoyo que necesita para avanzar.
Cómo funciona el sistema
El instructor define los temas generales del examen. Para cada tema, asigna una puntuación específica a cada nivel cognitivo, así como un límite de tiempo.
La IA comienza con preguntas de bajo nivel cognitivo y va elevando la dificultad de forma adaptativa. Cuando el estudiante se atasca, el sistema ofrece ayuda progresiva. De este modo, permite seguir explorando niveles superiores y evita que un olvido puntual limite la evaluación de competencias más complejas.
El estudiante empieza la prueba desde cero y va sumando puntos a medida que demuestra dominio sobre cada tema. Esos puntos se acumulan en «cubos», es decir, contenedores que representan una combinación de tema y nivel cognitivo. Cuando un cubo se llena, significa que el alumno ya ha demostrado suficiente dominio en ese punto, y el sistema lo obliga a avanzar: ya sea hacia un nivel cognitivo más exigente o hacia un tema distinto.
Según Mikhelson, este sistema mide el conocimiento de forma más fiable y precisa, reduciendo la ansiedad de los exámenes orales al no enfrentar al alumno a un profesor.
Conclusión
El profesor Gerardo Castillo Ceballos, emérito de la Facultad de Educación y Psicología de la Universidad de Navarra, defiende aquí la vigencia del método socrático, y estoy de acuerdo con él.
Que el diálogo se establezca con una IA, en lugar de un profesor no me parece un problema. El verdadero problema, a mi juicio, está en la finalidad: intentar evitar la ansiedad propia de la prueba oral. Esa exposición al profesor es necesaria para perder el miedo a hablar en público, ya que solo enfrentándonos a esa situación podemos aprender a gestionar la ansiedad y, con el tiempo, superarla.


