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JAVIER CASAL TAVASCI

Grabaciones egocéntricas: cómo los humanos entrenan a los robots

A diferencia de los grandes modelos de lenguaje –como ChatGPT– que se entrenaron con enormes cantidades de texto disponibles en Internet, los robots humanoides requieren grabaciones en primera persona del trabajo físico.

En fábricas y centros de datos de regiones como Tamil Nadu, en India, los trabajadores cosen prendas, ensamblan productos, clasifican mercancías o realizan tareas manuales mientras llevan cámaras montadas en la cabeza. No solo se graba en fábricas, también a obreros de la construcción, repartidores, vendedores ambulantes y amas de casa, para que registren sus actividades diarias. Estas cámaras graban todos sus movimientos y cada interacción con el entorno.

Las “grabaciones egocéntricas”, como se las conoce, son indispensables para que los robots aprendan a moverse con la misma naturalidad y precisión que una persona.

¿Por qué India?

India ofrece tres ventajas clave en esta nueva carrera global:

  • Una enorme población trabajadora con experiencia en tareas manuales repetitivas.
  • Costos bajos para la recolección masiva de datos.
  • Un ecosistema tecnológico en rápido crecimiento.

Los expertos estiman que se necesitarán miles de millones de horas de vídeo para que los robots humanoides puedan operar de forma fiable en entornos reales y no controlados. Es cuestión de tiempo que lo logren, teniendo en cuenta el enorme despliegue que hacen las empresas en horas de entrenamiento.

Según The Guardian, han surgido numerosas empresas dedicadas exclusivamente a recolectar estos datos para grandes compañías de robótica internacionales, entre las que se incluyen Humyn AI, FPV Labs, Micro1, Egodata, Neocambrian, XP Robotics, Objectways, Scale AI y CynLr.

En 2026, India representa aproximadamente el 35 % del mercado mundial de anotación de datos y cerca del 60 % de sus ingresos provienen de clientes estadounidenses.

La paradoja del progreso

Algunos trabajadores reciben una compensación económica adicional por grabar su jornada laboral (menos de un dólar). Es un plus añadido para personas necesitadas de ingresos,  pero surge un problema: ¿Quién los contratará cuando los robots hagan su trabajo? Lo malo es que no todos los trabajadores son conscientes de lo que están haciendo. En muchos casos, las empresas pueden simplemente llegar a acuerdos con fábricas para recopilar imágenes a gran escala, sin compensar directamente a los trabajadores.

Al mismo tiempo, los derechos de los trabajadores se ven mermados al sentir la presión de un monitoreo constante de sus movimientos. Esto se traduce en ansiedad y miedo a equivocarse y ser despedidos. 

Conclusión

Actualmente, los robots humanoides son caros, torpes comparados con un humano, consumen mucha energía y luchan con entornos impredecibles, pero llegara el día que estas dificultades se superen y la tecnología se generalice, y entonces veremos las consecuencias para la masa laboral.  

A continuación, les dejo un reportaje publicado por La Vanguardia:

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