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JAVIER CASAL TAVASCI

Las redes sociales de los menores

Las redes sociales están de moda. Sus funciones principales garantizan el éxito:

  • Se pueden compartir imágenes y videos de forma inmediata y en tiempo real.
  • Existen filtros, efectos, pegatinas y música que hacen más atractivo el contenido.
  • Se pueden etiquetar personas y temáticas mediante un hashtag.

Los usuarios refuerzan lazos de amistad, conocen gente nueva con gustos o amistades en común, comparten su día a día a través de sus fotografías y videos… pero, en ocasiones, conscientes o no, también descuidan su imagen e intimidad y con los menores hay que tener cuidado.

Los menores, como cualquiera, sienten la necesidad de integrarse socialmente, buscan la aceptación de sus compañeros, un cierto grado de reconocimiento y popularidad y están sometidos a la presión de mantener un perfil activo. Todo esto hace que entren en conductas de riesgo, como la exposición de demasiada información personal, retos virales peligrosos y hasta la publicación de imágenes con connotaciones sexuales.

Imágenes poco favorecedoras o descontextualizadas suelen traer, tras de sí, comentarios mordaces, que los menores muchas veces no saben gestionar. Otro riesgo es la baja autoestima cuando sus publicaciones no alcanzan el nivel de popularidad deseado.

Hace poco salió a la luz que Facebook Inc. (en la actualidad, Meta Platforms Inc.) ocultó un informe interno realizado por Instagram –red social de la que es propietaria– sobre la influencia negativa de Instagram en chicas jóvenes. El documento señala que «las adolescentes culpan a Instagram por el aumento de su ansiedad y depresión». En Estados Unidos un 40% de los usuarios de Instagram tiene menos de 22 años y el dato es fácilmente extrapolable al resto del mundo. 

En España un menor de edad puede abrir una cuenta en una red social con catorce años. Los padres podrán ejercer el control sobre el uso de las redes sociales, pero con las limitaciones de la ley.

La Convención de los Derechos del Niño, adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 20 de noviembre de 1989, establece en su artículo 16 que «ningún niño será objeto de injerencias arbitrarias o ilegales en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia ni de ataques ilegales a su honra y a su reputación. El niño tiene derecho a la protección de la ley contra esas injerencias o ataques». En similares términos, se pronuncia la Carta Europea de los Derechos del Niño de 8 de julio de 1992 en el apartado 8.29. 

En el caso de España, nuestra Constitución  reconoce –con carácter general– el derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen en su artículo 18.

La Ley Orgánica 1/1996, de 15 de enero, de Protección Jurídica del Menor establece en su artículo 4 apartado 1 que «los menores tienen derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen. Este derecho comprende también la inviolabilidad del domicilio familiar y de la correspondencia, así como del secreto de las comunicaciones». El mismo artículo, en su apartado 5, dispone que «los padres o tutores y los poderes públicos respetarán estos derechos y los protegerán frente a posibles ataques de terceros».

La Ley de Protección Jurídica del Menor aborda las peculiaridades del ejercicio y la protección de los derechos de los menores, estableciendo que el consentimiento de los menores e incapaces deberá prestarse por ellos mismos si sus condiciones de madurez lo permiten, presumiéndose dicha madurez a partir de los catorce años. En los restantes casos, el consentimiento habrá de otorgarse mediante escrito por sus padres o representante legal.

La patria potestad, es decir, la autoridad de los padres sobre los hijos, habrá de ejercerse respetando, en todo momento, los derechos que los menores tienen reconocidos por ley. Ahora bien, no puede ser que el ordenamiento jurídico haga descansar en los padres la obligación de velar por el cuidado y desarrollo de sus hijos menores y al mismo tiempo desposeerles de toda capacidad de control sobre ellos; por tal motivo se admiten determinados actos de intromisión, siempre que se ajusten a los usos sociales o se produzcan, con la debida proporcionalidad, en situaciones de urgente necesidad. 

Fiscalizar el contenido de las redes sociales de los hijos menores puede suponer una intromisión en su derecho a la intimidad y al secreto de las comunicaciones, pero caben excepciones, como cuando peligra la integridad del menor, por ejemplo, en los casos de hostigamiento, amenazas, humillaciones, suplantación de su identidad, etc. En estos casos, se viene admitiendo por los tribunales de justicia la intromisión en la intimidad del menor con la finalidad de recabar pruebas de la actividad delictiva. 

El Tribunal Supremo se ha pronunciado sobre las condiciones necesarias para considerar legítimo el acceso de los padres a la cuenta de una red social sin el consentimiento del menor en la STS nº 864, Sala Segunda, de lo Penal, de 10 de diciembre de 2015, Recurso de casación nº 912/2015.

Si sus hijos insisten en abrir una cuenta en una red social y no pueden persuadirles de lo contrario hasta su mayoría de edad, los expertos aconsejan sentarse a hablar con su hijo o hija e intentar que responda a las siguientes preguntas: 

  1. ¿Qué te gusta de esa red social?
  2. ¿Qué tipo de contenido quieres compartir?
  3. ¿Qué amigos piensas agregar?
  4. ¿Qué harás si un desconocido te pide amistad?
  5. ¿Eres consciente de la importancia de tener una contraseña segura?
  6. ¿Cuáles son las cinco cuentas o perfiles que te gustaría seguir?
  7. ¿Sabrás gestionar las críticas y comentarios negativos?
  8. ¿Qué harías si alguien te acosa a través de la red social?
  9. ¿Qué harías si comparten contigo una imagen o video inadecuado?
  10. ¿Conoces las herramientas de gestión de privacidad de la red social?

Si logran respuestas y son las adecuadas, denles un margen de confianza. En caso contrario, estén muy atentos y hagan todo lo posible para que sean responsables, y en caso de duda sobre un mal uso, intervengan, eso sí, con moderación.

Si, finalmente, deciden abrir un perfil en una red social tomen en consideración las siguientes recomendaciones:

  • Configurar juntos la cuenta y el perfil de usuario. Empleen siempre un pseudónimo o alias para impedir la identificación del menor. Es importante no habilitar la opción de ubicación para impedir que terceros puedan identificar el lugar donde se encuentra el menor y mantener activas las opciones de privacidad para evitar que las publicaciones puedan ser públicas o indexadas en los buscadores.
  • Crear una contraseña de acceso segura. Las contraseñas deben ser complejas y difícilmente adivinables por terceros, evitando el uso de palabras sencillas, secuencias alfanuméricas o información fácilmente asociada al menor.
  • Negociar el contenido. Es importante hacerle entender a los menores la importancia de velar por su privacidad. No todo se puede publicar en Internet y deben entender que es así.
  • Emplear herramientas de control parental, mediante aplicaciones como Qustodio, Kid’s Place, Google Family Link o Screen Time, para evitar el acceso del menor a contenido inapropiado (sexual, violento, etc.).
  • Establecer restricciones de acceso a la cámara.
  • Normalizar la conexión a la red social en presencia de los padres.
  • Establecer normas en cuanto a horarios y tiempos máximos de conexión y una rutina de supervisión.

No se pueden poner puertas al campo. De modo que la clave está en la educación de los menores, no solo en los centros docentes, también en casa, para que tomen consciencia de los riesgos y de la necesidad de adoptar precauciones ante comportamientos que puedan resultarles extrañas.

Las redes sociales mal gestionadas traen consigo problemas de adición. Estén atentos a las señales de alerta: cambios repentinos de humor, pérdida del autocontrol, dificultad para mantener relaciones interpersonales, ansiedad, inseguridad, privación del sueño, bajo rendimiento escolar, síntomas físicos como arritmias, opresión en el pecho, etc.

El mundo actual es complejo y los padres deben valerse de su experiencia como adultos para enseñar a los hijos a gestionarlo de la mejor manera posible. No se trata de prohibir, se trata de educar a los menores en la realidad que les ha tocado vivir, con sus pros y contras, y hacerles entender que deben ser responsables en el uso de Internet.

El Instituto Nacional de Ciberseguridad (INCIBE) ha creado un canal de ayuda para resolver posibles dudas. Les dejo un enlace a dicho canal: https://www.is4k.es/ayuda

Actualización

La Fiscalía de Delitos Informáticos de Barcelona advierte del robo de fotografías de menores, de entre 12 y 18 años, publicadas en sus perfiles sociales para utilizarlas como reclamo en portales pornográficos de pago (fuente aquí).

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