Resulta incomprensible que, si quieres conectar tu Smart TV a Internet, debas aceptar, sí o sí, que se recopilen tos datos personales, bajo políticas de privacidad abusivas, con cláusulas de adhesión innegociables, redactadas en un lenguaje ambiguo y en letra pequeña.
El problema radica en el consentimiento. Al configurar el dispositivo, o aceptas las condiciones de tratamiento de datos, o muchas de las funcionalidades quedan inutilizadas. El consentimiento no es libre. El «sí» que la mayoría de las Smart TV están obteniendo no es legítimo, mientras que las autoridades de control se muestran impasibles.
Los fabricantes y las plataformas digitales, Netflix, YouTube o Amazon Prime, recopilan datos sobre todo lo que el usuario consulta y ve. Algunos modelos incluso graban audio y vídeo a través de micrófonos y cámaras integradas, a menudo sin que los usuarios lo sepan. Además, pueden localizar su ubicación a través de la dirección IP.
Muchas Smart TVs operan con sistemas operativos desactualizados o reciben parches de seguridad con poca frecuencia. Esta vulnerabilidad puede ser explotada por hackers, hasta el punto de poder acceder, por ejemplo, al micrófono del dispositivo (disponibles en algunos modelos para poder usar los asistentes de voz integrados como Alexa o Google Assistant).
Surgen muchas preguntas en torno a este tema:
- ¿Por qué permitimos que un dispositivo que compramos con nuestro dinero nos espíe en nuestra propia casa?
- ¿Por qué un dispositivo que debería ser neutral se convierte en un agente publicitario con presencia permanente en nuestro hogar?
- ¿Qué medidas de seguridad implementan los fabricantes y las plataformas digitales para proteger la información recopilada?
- ¿Dónde se almacena toda la información personal recogida?
- ¿Por qué no se facilita a los usuarios el control sobre sus datos personales, estableciendo la opción de borrarlos completamente?
- ¿Por qué las autoridades de control no sancionan a los fabricantes por el riesgo que representan para nuestra privacidad?
El usuario tiene varias opciones: no conectar el dispositivo a Internet, lo que implica quedarse sin servicios en línea; aceptar las cookies y lo que ello conlleva; o deshabilitarlas, lo cual resulta complicado porque los fabricantes no lo facilitan, ya sea a través de menús ocultos o configuraciones avanzadas, algo que no es accesible para el usuario promedio.
Conclusión
Las Smart TVs son un caballo de Troya en nuestros hogares: prometen entretenimiento a cambio de vigilancia, explotación de datos y riesgos de seguridad.
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