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JAVIER CASAL TAVASCI

Afganistán y protección de datos

Estados Unidos, tras su apresurada salida de Afganistán en agosto de 2021, tras más de veinte años de conflicto, no solo dejó en manos de los talibanes un inmenso arsenal, también dejó una base de datos que podría poner en riesgo a cientos, sino a miles, de afganos y afganas que trabajaron o colaboraron para las fuerzas de la coalición, un riesgo que persiste años después, con reportes de uso continuado de estos sistemas para persecuciones selectivas.

Según The Intercept, los talibanes se apoderaron de unos dispositivos biométricos –conocidos como «Handheld Interagency Identity Detection Equipment» (HIIDE)– que fueron empleados por las fuerzas militares estadounidenses para rastrear y localizar a terroristas e insurgentes, pero también para censar a la población civil, incluidos trabajadores y colaboradores en instituciones y misiones diplomáticas de las fuerzas occidentales.

Los HIIDE permiten recabar datos biométricos de identificación, como reconocimiento facial, huellas dactilares e iris, incluso el ADN. A partir de los datos personales obtenidos por dichos dispositivos se creó una base de datos, conocida como APPS (Automated Payroll and Personnel System). Auspiciado por Estados Unidos, la Autoridad Nacional de Estadísticas e Información de Afganistán procesó más de seis millones de tarjetas de identidad biométricas, que incluyen huellas dactilares, escaneos de iris y una fotografía para el reconocimiento facial.

La misma tecnología se utilizó, por ejemplo, para verificar el registro de votantes en las elecciones de 2019 y en el lanzamiento de un programa para recolectar datos biométricos de estudiantes en las madrazas. Pues bien, esa base de datos y la APPS están en manos de los talibanes y ya podemos imaginar que no harán un buen uso de ellas, como se evidenció en reportes de 2022 donde testigos confirmaron el uso de escáneres de huellas por parte de los talibanes en checkpoints.

Cada perfil en APPS contiene –al menos– unos 40 campos de datos, incluyendo nombre y apellido, lugar y fecha de nacimiento, color de ojos y cabello, el número de identificación que conecta con el perfil biométrico del Ministerio del Interior afgano, la identidad de los padres, tíos y abuelos, formación académica, datos laborales como salario, aficiones, gustos alimenticios, etc.

A continuación, les muestro un ejemplo de una ficha de identificación de APPS.

El Director de Tecnología de Human Rights First, Welton Chang, declaró: «No creo que nadie haya pensado en la privacidad de datos ni en qué iban a hacer si el sistema HIIDE caía en las manos equivocadas». No son simples datos, son los datos de millones de civiles que, por la imprudencia de unos pocos, pueden estar en riesgo, incluso, de perder su propia vida. Vergonzoso, como poco. 

Clearview 

Clearview AI, un programa de reconocimiento facial creado por una empresa estadounidense que almacena en su base de datos privada más de 10.000 millones de fotografías de personas de todo el mundo. Las imágenes provienen de cuentas de redes sociales y otras fuentes online, sin consentimiento explícito de los afectados. 

En mayo del año 2021, una alianza de organizaciones –entre las que se encuentran Noyb, Privacy International, Hermes Center y Homo Digitalis– presentó una serie de denuncias contra Clearview AI Inc. ante las autoridades de protección de datos de Alemania, Italia, Francia, Grecia y Reino Unido.

Por vulnerar los principios generales del tratamiento de datos personales, las autoridades de protección de datos de varios países europeos sancionaron a Clearview AI Inc. con las siguientes multas: Italia con 20.000.000 €, Grecia con 20.000.000 €, Francia con 20.000.000 €, Alemania con 10.000.000 € y los Países Bajos con 30.500.000 €, por la recopilación ilegal de datos faciales. En el Reino Unido, la empresa fue multada con 9.000.000 €, sanción que inicialmente fue recurrida y revocada, aunque el tribunal de apelación restableció la multa en octubre de 2025.

Las últimas noticias es que Clearview se está usando por Ucrania en su conflicto con Rusia, desde marzo de 2022 para identificar soldados fallecidos, investigar crimenes de guerra y verificar identidades en checkpoints. En tiempos de guerra, los límites se difuminan y parece que todo vale, cuando no debería ser así, sobre todo cuando se pueden ver afectados los derechos de la población civil, a la que pone en riesgo, tal y como ocurrió en Afganistán.

El peligro de estas bases de datos privadas es que caigan en malas manos o sufran incidentes o brechas de seguridad, Clearview ya las ha sufrido (fuente aquí).

Respecto a la valía de los traductores afganos al servicio del ejército de los Estados Unidos, les recomiendo que vean la película «Guy Ritchie: El Pacto».

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