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El conocimiento es poder (Francis Bacon)

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JAVIER CASAL TAVASCI

IA y dignidad humana: la respuesta de la Iglesia católica en Magnifica Humanitas

En enero de 2025, el Papa Francisco aprobó Antiqua et nova, una nota sobre la relación entre la IA y la inteligencia humana. Sobre ello les hablé en otro artículo que dejo enlazado aquí.

Ahora, el Papa León XIV ha dado un paso más, publicando la primera encíclica dedicada íntegramente a la custodia de la persona humana en la era digital.

Titulada Magnifica Humanitas, la encíclica supone una actualización de la Doctrina Social de la Iglesia ante los desafíos que plantean la IA, la robótica y la digitalización.

Un poder sin precedentes en manos privadas

La encíclica pone especial énfasis en cómo estas tecnologías otorgan a la humanidad un poder sin precedentes, mayoritariamente en manos de actores privados transnacionales, dotados de recursos y capacidad de acción superiores a los de muchos gobiernos. El poder tecnológico adquiere un rostro inédito, predominantemente “privado”, y por ello aún más difícil de discernir, gobernar y orientar hacia el bien común.

El Papa advierte que la tecnología puede «curar, conectar, educar, cuidar la Casa común; pero también puede dividir, descartar y generar nuevas injusticias. En abstracto, esta, en sí misma, no es una solución a los problemas de la humanidad, como tampoco es un mal en sí; pero, concretamente, no es neutral, porque toma el rostro de quien la concibe, la financia, la regula y la utiliza».

Uno de los puntos más claros y firmes del documento es la distinción entre inteligencia artificial e inteligencia humana. León XIV afirma que la IA, al carecer de experiencia vital, valores morales y sentimientos, no puede ni debe asumir funciones de responsabilidad o supremacía sobre los seres humanos.

Torre de Babel o murallas de Jerusalén

Para la Iglesia, la humanidad enfrenta una elección decisiva: construir una nueva Torre de Babel o reconstruir juntos una nueva realidad, como se hizo con Jerusalén tras el exilio babilónico.

La Torre de Babel se presenta como una creación de los seres humanos para llegar al cielo, construida sobre el orgullo y la pretensión de bastarse a sí mismos. En esos casos, la Iglesia advierte que «la comunicación se rompe, las lenguas se confunden y los seres humanos ya no se comprenden. El resultado no es la unidad, sino la dispersión. Babel revela así el límite de toda construcción que, por grandiosa que sea, surge de la absolutización de lo humano y de su pretensión de autosuficiencia, sacrifica la dignidad de las personas en aras de la eficiencia y aspira a alcanzar el cielo sin la bendición de Dios».

El caso opuesto es el de Nehemías, quien, tras el exilio babilónico, regresa a Jerusalén y la encuentra destruida. Una vez allí, decide reconstruirla, pero «no impone soluciones desde arriba. Convoca a las familias, confía a cada una un tramo de muralla, escucha los temores, coordina los esfuerzos y afronta las oposiciones». El relato muestra cómo la ciudad renace no gracias a la iniciativa de una sola persona, sino a través de la responsabilidad compartida de todo el pueblo. Es una obra que sitúa a Dios en el centro.

La conclusión es clara: debemos evitar el síndrome de Babel, donde la idolatría del lucro sacrifica a los débiles, la uniformidad aplana las diferencias y la pretensión de un lenguaje único –digital– pretende traducirlo todo, incluso el misterio de la persona, en datos y rendimientos. Este es el riesgo de la deshumanización. La tecnología debe estar al servicio de las personas, no al revés.

Enfoque de la Iglesia católica

Magnifica Humanitas es una encíclica social y tecnológica que actualiza la Doctrina Social de la Iglesia. No rechaza el progreso, sino que lo orienta hacia la dignidad humana, la justicia y la fraternidad, siendo conscientes de los riesgos del poder privado, la deshumanización y el transhumanismo.

Para la Iglesia, los descubrimientos científicos son un talento entregado a la humanidad para hacerlo fructificar, pero advierte sobre la necesidad urgente de crear «instrumentos normativos adecuados, capaces de salvaguardar la justicia y de contener los efectos distorsionadores del poder tecnológico».  

Conclusión 

En 1485, el Imperio otomano impuso restricciones al uso de la imprenta, en parte porque se consideraba inapropiado reproducir mecánicamente textos sagrados. Mientras Europa aprovechó la imprenta para expandir la alfabetización y acelerar el desarrollo del conocimiento. El Imperio otomano adoptó esta innovación mucho más tarde. Esta diferencia fue uno de los muchos factores que ayudaron a explicar su retraso relativo frente a Europa. Es una lección que debemos aprender de la historia.

Coincido con el Papa León XIV en la necesidad de regular la IA para contener los efectos distorsionadores del poder tecnológico sobre los seres humanos, pero sin limitar los avances.

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