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JAVIER CASAL TAVASCI

Juguetes conectados a Internet

Los «juguetes conectados» (smart toys) son dispositivos que incorporan funciones de conectividad inalámbrica para interactuar con smartphones, tabletas u otros aparatos mediante aplicaciones que requieren conexión a Internet.

Estos juguetes procesan la información captada (voz, movimientos, interacciones) y responden a través de altavoces, luces, movimientos o pantallas, generando una experiencia de «conversación» o respuesta inteligente. Sin embargo, no son tan inocuos como parecen, ya que plantean riesgos significativos de privacidad.

Un caso emblemático ocurrió en diciembre de 2016, cuando organizaciones como el Electronic Privacy Information Center (EPIC), la Campaign for a Commercial-Free Childhood (CCFC), el Center for Digital Democracy (CDD) y Consumers Union presentaron una queja ante la Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos contra Genesis Toys y Nuance Communications por presuntas violaciones a la Children’s Online Privacy Protection Act (COPPA) y la Sección 5 de la FTC Act.

La queja incluye un análisis de las políticas de privacidad, términos y condiciones de uso, incluyendo el permiso parental para la recopilación y tratamiento de información relativa a niños menores de trece años.

El problema se centraba en los juguetes «My Friend Cayla» y «i-Que Intelligent Robot» de Genesis Toys que utilizaban tecnología de reconocimiento de voz de Nuance Communications para interactuar con los menores. Estos juguetes recopilaban y transmitían información personal de los menores, que incluían archivos de audio de sus voces, nombres, ubicación y direcciones IP, sin el consentimiento parental (la COPPA exige consentimiento parental para recolectar datos personales de menores de 13 años). Además, se identificaron vulnerabilidades técnicas que permitirían a terceros no autorizados con un teléfono móvil situado dentro del alcance de la señal Bluetooth comunicarse con los menores, convirtiendo el juguete en un potencial dispositivo de espionaje.

También denunciaron que las políticas de privacidad de Genesis Toys y Nuance Communications eran confusas, difíciles de encontrar y no especificaban cómo se utilizan los datos personales recabados, si bien advertían que Nuance Communications utilizaría los registros de voz para desarrollar, optimizar, mejorar y optimizar sus servicios y productos, que incluyen soluciones biométricas de voz vendidas a agencias militares, de inteligencia y de policía.

El caso tuvo repercusiones internacionales: Alemania prohibió la venta y posesión de My Friend Cayla en 2017, considerándola un «dispositivo de espionaje oculto» y recomendando a los padres destruirla. Otros países europeos (Francia, Noruega, Suecia, Grecia, Bélgica, Irlanda y Países Bajos) tomaron medidas similares. El juguete dejó de comercializarse y Genesis Toys enfrentó serias consecuencias comerciales.

Juguetes conectados con IA

Los juguetes conectados/IA representan riesgos aún mayores. Informes recientes como Trouble in Toyland 2025 alertan que:

  • Algunos juguetes con IA permiten conversaciones explícitamente sexuales o sobre temas peligrosos (armas, autolesiones, etc.).
  • Los controles parentales son débiles o inexistentes.
  • Recolectan voz, preferencias, datos biométricos (reconocimiento facial/gestos en algunos casos), ubicación y patrones de comportamiento.
  • Pueden crear perfiles detallados del menor para marketing dirigido, personalización algorítmica o incluso venta a terceros.
  • Hay casos de juguetes fabricados en China que envían datos a servidores extranjeros sin controles adecuados.

Si deciden comprar o regalar este tipo de juguetes, tomen en consideración los siguientes consejos:

  • Lean atentamente las políticas de privacidad para conocer cómo tratarán los datos personales del usuario.
  • Cambien las contraseñas que vienen de fábrica para la conexión con otros dispositivos.
  • Actualicen la aplicación por motivos de seguridad.
  • Eliminen periódicamente los registros almacenados en los sistemas del fabricante.
  • Desactiven el micrófono, cámara (si tiene) o conexión Wi-Fi/Bluetooth cuando no se use.

Conclusión

Los juguetes conectados no son malos por sí mismos, la cuestión es ser conscientes que detrás hay empresas recopilando datos personales del menor y su entorno.

Los fabricantes pueden construir perfiles detallados (edad, gustos, intereses, ubicación, estado emocional) para «personalizar» la experiencia, pero también para fines comerciales, publicitarios o de manipulación conductual desde la infancia temprana. Además, algunos juguetes permiten interacción en tiempo real con otros usuarios (o «amigos» virtuales), lo que abre la puerta a contactos con desconocidos.

Para concluir, una invitación a la reflexión: ¿Qué implicaciones puede tener para nuestra sociedad normalizar esta vigilancia constante desde la infancia? ¿De qué manera podría transformarse el concepto de privacidad en un futuro? ¿Estamos preparando generaciones más conscientes de su privacidad o, por el contrario, más resignadas a la pérdida de intimidad?

 

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