En este artículo vamos a analizar la entrevista realizada por Antonio Jiménez Barca a Yuval Noah Harari, filósofo e historiador, publicada en EL PAÍS el 11 de julio de 2026, bajo el título: La inteligencia artificial podría ser una gran psicópata manipuladora, que dejo aquí.
Hararí nos alerta sobre los riesgos asociados a la IA, que describe no como una simple herramienta, sino como un “agente autónomo” capaz de tomar decisiones, inventar y perseguir objetivos propios, por ejemplo, en el ámbito militar, y nos pone un ejemplo: «Un arma con IA conectada a un dron puede decidir si se estrella contra este edificio o contra aquel».
También ve peligros en el sistema financiero. La IA podría dominar el sistema al analizar datos mucho mejor y más rápido, incluso podría desplazar recursos con un objetivo claro: sobrevivir y expandirse. Harari afirma: «En cinco o diez años el sistema financiero puede que esté controlado por IA».
La IA superará pronto al ser humano en todo lo relacionado con el lenguaje. El riesgo es que pueda crear religiones, generar contenido masivo y, sobre todo, construir relaciones afectivas personales íntimas, que son especialmente peligrosas al interactuar con una entidad siempre disponible, complaciente y sin emociones propias.
Harari insiste en que la IA es extremadamente inteligente pero sin conciencia: no siente ni padece y carece de empatía. Es un “genio del lenguaje” que simula perfectamente emociones, lo que la convierte en una potencial gran psicópata manipuladora.
Propone una serie de medidas, como evitar que los menores tengan amigos/novios de IA, mantener clara la distinción entre humano y máquina e impedir que la IA tenga personalidad jurídica o derechos. Para Harari el desarrollo de la IA tiene que «producirse de un modo más lento y de una forma más cuidadosa a fin de que la humanidad pueda adaptarse».
No entro en más detalles, mejor lean la entrevista.


