En la actualidad, gracias a la evolución tecnológica acelerada —incluyendo el auge de la inteligencia artificial, el Internet de las Cosas y el big data—, los tratamientos de datos se realizan a una escala sin precedentes, de manera globalmente deslocalizada, descentralizada y cada vez más automatizada.
En ocasiones, los sistemas tradicionales de gestión de datos resultan insuficientes para manejar esta complejidad. Por ello, se requiere la elaboración de un «plan de gobernanza de datos» que puede definirse como el conjunto de procesos, políticas, estándares, roles y métricas diseñados para asegurar el uso eficaz, eficiente y ético de la información.
Es importante recordar que el RGPD establece, en su artículo 24, que el responsable del tratamiento deberá aplicar medidas técnicas y organizativas apropiadas a fin de garantizar y poder demostrar que el tratamiento es conforme con la normativa, teniendo en cuenta la naturaleza, el ámbito, el contexto, los fines del tratamiento y los riesgos de diversa probabilidad y gravedad a los que se pueda ver expuesto dicho tratamiento. Además, señala como medidas pertinentes el establecimiento de políticas adecuadas de protección de datos.
La gobernanza de datos proporciona el marco de trabajo idóneo para establecer e integrar estas políticas en la organización, permitiendo una gestión eficaz, pertinente y proactiva de la información, lo que no solo favorece el cumplimiento del RGPD, sino también de normativas complementarias como el Reglamento de Datos (Data Act) y el Reglamento de Inteligencia Artificial (AI Act).
Los principales objetivos de la gobernanza de datos son:
- Alinear los datos, la privacidad, la tecnología, los procesos y los diferentes departamentos con los objetivos estratégicos de la organización, incorporando consideraciones éticas en el uso de IA y datos no personales.
- Capacitar a la Dirección y a la entidad en general para adoptar enfoques comunes y colaborativos en relación con los datos, promoviendo una cultura de responsabilidad digital.
- Reducir costes y aumentar la eficacia mediante la coordinación de esfuerzos, la automatización de procesos y la optimización de recursos en entornos de big data.
Un factor crítico para implementar con éxito la gobernanza de datos radica en definir claramente los roles y responsabilidades de las personas que participan en el proceso. La estructura de gobernanza debe diseñarse para incluir la participación de todos los niveles de la organización, con el fin de conciliar prioridades, agilizar la resolución de conflictos, fomentar el apoyo a la calidad de los datos, su tratamiento responsable y la protección de la privacidad.
El gran aliado de la gobernanza de datos es la tecnología, en concreto, las herramientas informáticas avanzadas (software) que garantizan la facilidad de uso, la uniformidad, la integridad y la seguridad de los datos, además de la accesibilidad a la información. También ayudan a mitigar riesgos y responsabilidades legales, maximizando el rendimiento de la información en un contexto regulatorio cada vez más estricto.
La gobernanza de datos ofrece una visión exhaustiva de dónde se guarda la información, cómo se emplea y quién accede a ella, incluyendo la gestión de permisos que regulan el cómo y el cuándo del acceso, lo que es esencial para cumplir con requisitos de transparencia y auditoría.
Conclusión
Aunque un plan de gobernanza de datos implica un coste adicional en la protección de datos para cualquier organización, aquellas que optan por crear una estrategia sólida de gobernanza de datos, terminan superando a sus competidores y rentabilizando su inversión a medio plazo.
Está claro que, a medida que aumenten el uso y los recursos que genera el big data y la IA, también crecerá la necesidad de una gobernanza de datos robusta, con énfasis en la seguridad, el cumplimiento normativo y la ética.
Uno de los factores críticos de éxito para la gobernanza de datos es un liderazgo ejecutivo comprometido. Sin este liderazgo para impulsar cambios, el plan está destinado al fracaso. Cambiar procesos conlleva desafíos, y muchos se resisten por temor al cambio, pero es esencial evolucionar para avanzar y mejorar; el compromiso debe provenir de la alta dirección para fomentar una transformación efectiva.


