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JAVIER CASAL TAVASCI

Reglamento de Servicios Digitales: control de contenidos en línea

Muere en directo, durante una transmisión en la plataforma «Kick», Raphael Graven, conocido en las redes sociales como Jean Pormanove.

Imaginen la escena: tumbado en el suelo, sobre un colchón y cubierto con una colcha blanca, mientras expiraba su último aliento, con sus compañeros a su lado, indiferentes ante la trágica escena. 

Graven llevaba días siendo víctima de vejaciones y humillaciones en directo, sufriendo golpes con extrema dureza por varias personas. Aunque estas agresiones no constituyeron la causa directa de su muerte, la brutalidad que sufrió resulta difícil de contemplar para cualquiera que conserve un mínimo de humanidad. Graven se sometió voluntariamente a todos esos actos, pero ¿dónde está el límite? ¿vale todo?

Lo primero que me viene a la mente es cómo es posible que haya seguidores, que se cuentan por cientos, de este tipo de transmisiones. ¿Qué nivel de degradación ha alcanzado la sociedad para llegar a este extremo? ¿dónde está la gracia? ¿no les queda un mínimo de sensibilidad?

En Francia, ARCOM (Autorité de régulation de la communication audiovisuelle et numérique) es la autoridad pública independiente encargada de regular la comunicación audiovisual y digital. Su misión abarca la protección de la libertad de comunicación, de los derechos de autor y la regulación técnica y económica del sector. También está llamada a intervenir en cuestiones relacionadas con la actividad de las plataformas en línea.

En España, el equivalente a ARCOM es la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) que es la encargada de supervisar el sector de la comunicación audiovisual, velando por el correcto funcionamiento del mercado, la diversidad y confiabilidad de los contenidos, la protección de los derechos de los menores y el cumplimiento de la normativa sobre publicidad y accesibilidad. Además, actúa como «Coordinador de Servicios Digitales», siendo responsable de que todos los prestadores de servicios intermediarios establecidos en España cumplan el Reglamento de Servicios Digitales (DSA, por sus siglas en inglés).

El Reglamento de Servicios Digitales establece que los prestadores de plataformas en línea pueden retirar o bloquear el acceso a contenidos ilícitos, en cuanto tengan conocimiento de su existencia, ya sea por denuncia de usuarios, alertadores fiables o por orden de autoridad competente, pero quedan al margen los contenidos «nocivos» que se amparan en la libertad de expresión.

Los menores también son consumidores de contenidos en línea. La Comisión publicó las Directrices sobre medidas para garantizar un elevado nivel de privacidad, seguridad y protección de los menores en línea, en cumplimiento del artículo 28, apartado 4, del Reglamento (UE) 2022/2065 (DSA) con el objetivo de protegerles de contenidos ilícitos, nocivos, de odio, y amenazas derivadas de la inteligencia artificial. 

Marina Abramović

En 1974, Marina Abramović protagonizó una actuación polémica conocida como «Rithm 0» (Ritmo 0).

La performance consistía en invitar a los asistentes a utilizar setenta y dos objetos sobre su cuerpo. La artista permaneció inmóvil en el centro de la sala. La actuación se prolongó desde las 20:00 hasta las 2:00 horas. La mayoría de los objetos eran inofensivos (una rosa, una pluma, un peine, vino, miel), pero otros eran peligrosos (un bisturí, un hacha, una sierra, tijeras, cadenas, una barra de metal e incluso una pistola con balas).

Las tres primeras horas transcurrieron sin sobresaltos. El público actuó tímidamente, incluso con amabilidad, pero después de ese tiempo, se volvió violento. Sus acciones, ante la inmovilidad de Abramović, fueron cada vez más intensas. La desnudaron por completo, entrelazaron las espinas de un tallo de una flor en su cuello, la golpearon y manosearon. Un hombre le hizo un corte en el cuello y bebió la sangre que manaba. Cargaron el revólver y pusieron su mano sobre él mientras apuntaba a su cuello. Tras seis horas de martirio, Abramović recuperó la compostura y, en ese momento, todos los presentes huyeron rápidamente.

Este caso es una muestra de la maldad que muchas personas pueden llegar a mostrar si tienen la ocasión. También es un buen ejemplo de su cobardía.

Simón Pérez

En España tenemos el caso de Simón Pérez, conocido por un vídeo viral en el que recomendaba la contratación de hipotecas a tipo fijo, estando bajo los efectos de sustancias estupefacientes. Su adicción, unida a la precariedad económica que atraviesa, lo ha llevado a protagonizar en directo escenas humillantes, como beber su propia orina, tatuarse el logo de un conocido foro o restregarse comida por el cuerpo y, lo que resulta aún más alarmante, consumir drogas frente a la cámara. Todo ello a cambio de unos pocos euros, aportados por una audiencia entregada, que lejos de ayudarle, financian y mantienen su dependencia. Sus canales en plataformas como YouTube, Twitch o Kick han sido suspendidos, aunque los contenidos siguen circulando en canales secundarios y recopilatorios. 

Esta espiral expone la responsabilidad —muchas veces eludida— de las plataformas en línea, que no solo permiten, sino que amplifican espectáculos de degradación moral. El daño causado es doble: para las propias víctimas —muchas veces ajenas a la verdadera dimensión de su exposición, atrapadas por factores económicos y adicciones— y para la sociedad, que acaba normalizando y hasta monetizando la humillación y la autodestrucción como forma de entretenimiento. 

Sergio Jiménez (Sssanchopanza)

Sergio Jiménez Ramos, de 37 años, conocido en el mundo del streaming como «Sssanchopanza», falleció el 31 de diciembre de 2025, tras realizar un reto en directo con consumo de cocaína y alcohol ante un grupo privado de donantes. Padecía problemas psiquiátricos y estaba bajo tratamiento médico.

La emisión no se realizó en plataformas públicas, al haber sido expulsado previamente de plataformas como Kick, Dlive y Pump.fun por infringir sus políticas. Desde ese momento, trasladó su actividad a grupos privados en Telegram y Google Meet. Las autoridades investigan el origen de las donaciones en la cuenta de la víctima y los grupos donde se organizan las videollamadas.

La muerte de Sergio es el primer caso de estas características que ha tenido lugar en España a pocos meses del fallecimiento de Raphaël Graven. Sergio llegó a intervenir de manera recurrente en directos y videollamadas organizadas por Simón Pérez.

Conclusión

La línea entre lo ilícito y lo nocivo la establece la legislación, así, el contenido ilícito es aquel que está prohibido por el ordenamiento jurídico, por ejemplo, la pornografía infantil, la apología del terrorismo, la incitación al odio, etc. En cambio, el contenido nocivo puede no ser ilegal, pero sí resultar perjudicial para la sociedad, por ejemplo, la violencia explícita, la incitación a conductas autolesivas, el fomento del juego de azar, etc. Su regulación se basa en códigos éticos, filtros y mecanismos de autocontrol.

Con frecuencia, los prestadores de plataformas en línea adoptan códigos éticos excesivamente laxos o poco exigentes, motivados principalmente por intereses económicos que priman la maximización del tiempo de uso, la viralización de contenidos y la obtención de beneficios económicos.

El equilibrio entre la creación de reglas para hacer frente a los contenidos nocivos y la salvaguardia de la libertad de expresión y de información en línea es delicado, pero necesario. El DSA establece los siguientes mecanismos de protección:

  • Mecanismos de reclamación para recurrir las decisiones de moderación: los usuarios tienen que tener la posibilidad de impugnar las decisiones adoptadas por las plataformas en línea de suprimir, suspender o limitar el acceso a sus contenidos. Estos mecanismos garantizan que las decisiones no sean arbitrarias y capacita a los usuarios para proteger su presencia en línea. Los usuarios podrán presentar reclamaciones directamente a la plataforma, elegir un organismo de resolución extrajudicial de litigios o acudir a los órganos jurisdiccionales.
  • Transparencia en la moderación de contenidos: los proveedores de plataformas en línea están obligados a hacer públicas sus políticas de moderación y cómo se aplican. Las plataformas de muy gran tamaño, tendrán que rendir cuentas a través de informes de auditoría independientes y de un control especializado y público.
  • Evaluar y rectificar los sesgos en los algoritmos de recomendación: se introducen nuevas herramientas para evitar sesgos en los sistemas de recomendación para que las actividades en línea sean más representativas, respetando la diversidad y la individualidad de los usuarios.

Los reguladores deben actuar con firmeza frente a los modelos de negocio en línea que explotan el sufrimiento y la dignidad de las personas, si no queremos vivir en una sociedad deshumanizada.

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