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JAVIER CASAL TAVASCI

Seguridad nacional frente a regalos protocolarios. Estados Unidos rechaza los regalos de China

Donald Trump visitó China en mayo de 2026 acompañado de una delegación de alto perfil, entre los que destacaban Elon Musk, CEO de Tesla y SpaceX, y Jensen Huang, CEO de Nvidia, la empresa de mayor valor de la actualidad.

La visita, marcada por un recibimiento ostentoso por parte de las autoridades chinas, incluyó alfombra roja, bandas militares, cientos de niños agitando banderas de ambos países y una serie de encuentros de alto nivel con el presidente Xi Jinping.

Trump y sus acompañantes fueron agasajados con multitud de regalos, pines conmemorativos, credenciales y obsequios protocolarios típicos de una cumbre bilateral de este calibre. Sin embargo, ninguno de estos regalos subió a bordo del avión presidencial.

¿Por qué se descartaron todos los regalos?

Antes de despegar de regreso a Estados Unidos, miembros de la delegación estadounidense, bajo estrictas directrices de seguridad, recogieron todos los artículos proporcionados por los anfitriones chinos y los arrojaron a contenedores de basura situados al pie de la escalerilla del avión presidencial.

Existe una profunda desconfianza ante la posibilidad de que los regalos o dispositivos electrónicos contengan mecanismos de espionaje ocultos como micrófonos, transmisores, malware o hardware manipulado que puedan comprometer la seguridad y la información sensible del Gobierno.

Esta medida no fue improvisada. Durante toda la visita, la delegación utilizó exclusivamente teléfonos desechables. La instrucción fue clara: «Ningún objeto entregado por China subiría al Air Force One».

Regalos envenenados

Un caso conocido de regalo «con sorpresa» fue la réplica tallada del Gran Sello de Estados Unidos que la URSS regaló al embajador estadounidense Averell Harriman en Moscú, conocido como «La Cosa«.

El obsequio simbolizaba la cooperación entre ambos países durante la Segunda Guerra Mundial. El embajador estadounidense lo colgó con orgullo en su casa hasta 1952, pero contenía un micrófono pasivo sofisticado (sin baterías) que espió conversaciones durante siete años hasta que fue descubierto ante la ONU. 

Un regalo personal que Trump no despreció fue el Boeing 747 superlujoso que le regaló la familia real qatarí, conocido como «el palacio en el cielo», que al final de su mandato presidencial se transferirá directamente a la Fundación Biblioteca Presidencial Trump.

A pesar de que el avión fue un regalo, valorado en 400 millones de dólares, su reacondicionamiento no lo es. Para cumplir con los estrictos estándares de ciberseguridad, contrainteligencia y defensa militar, el gobierno de Estados Unidos contrató a firmas de defensa como L3Harris. El coste de las modificaciones de seguridad se estiman en 1.000 millones de dólares.

Conclusión

La cumbre se desarrolló en un tono relativamente cordial, con discusiones sobre comercio, tecnología y temas geopolíticos, pero la desconfianza entre las grandes potencias es total y pública.

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