Bill Gates participó en el podcast Decoder con Nilay Patel, publicado el 22 de octubre de 2026. En la conversación, que dejaré enlazada al final, afirmó que la inteligencia artificial es «la cosa más peligrosa a la que los humanos nos hemos acercado jamás» y «el arma más peligrosa de todos los tiempos», una tecnología que, según él, «hace que las armas nucleares parezcan nada».
Sus previsiones sobre el futuro son sombrías y advierte que los próximos veinte años –antes de alcanzar la era de la abundancia– será «uno de los periodos más turbulentos de la historia humana». El periodo de transición advierte que será duro, desigual y con divisiones sociales, y el tiempo para prepararse y actuar de forma coordinada se está agotando.
Durante esas dos décadas, prevé cambios profundos en el mercado laboral. El primer impacto será en trabajos de cuello blanco y luego, con la llegada de robots humanoides, en los de cuello azul, que vendrá acompañada de una posible fractura social entre quienes se sientan cómodos en la era tecnológica y quienes la rechacen.
Gates ya había anticipado gran parte de este mensaje en un ensayo publicado a finales de agosto de 2026 en Gates Notes, titulado The turbulent AI era is here. The choices we make now are critical. Sobre este ensayo escribí un artículo que dejo enlazado aquí.
Riesgos inmediatos y la necesidad de regulación
En el podcast, Gates subrayó que el peligro más urgente no es tanto que la IA se descontrole por sí sola (algo que considera todavía lejano), sino el uso malicioso que algunas personas puedan hacer de esta tecnología.
Gates es contrario a la idea de que la industria se autorregule. Considera “insano” confiar únicamente en la responsabilidad voluntaria de las empresas, especialmente cuando hay múltiples competidores en la frontera tecnológica. Comparó la situación con la regulación de medicamentos, aviones o automóviles: «En otras áreas, ¿decimos simplemente “lanza tus fármacos, no hay FDA”? ¿O “no hay junta de seguridad aérea”? ¿Solo usamos las leyes de responsabilidad civil?». Para él, la magnitud del riesgo de la IA exige una intervención gubernamental mucho más seria de la que existe actualmente.
Conclusión
Durante la primera Revolución Industrial, el crecimiento económico tardó décadas en traducirse en mejoras salariales para los trabajadores. Ese precedente no demuestra que con la IA vaya a ocurrir lo mismo, pero ayuda a entender que los beneficios del progreso pueden tardar en llegar y repartirse de forma desigual.
Si es cierto que la IA causará un gran impacto en el mercado laboral –que está por ver– surge la duda de si la sociedad podrá soportar el impacto y si los gobiernos estarán preparados para afrontarlo. A día de hoy, lo dudo.


