Jianwei Xun fue presentado como un filósofo chino revolucionario, tras la publicación de su libro «Hipnocracia», en el que reflexiona sobre cómo el poder opera en la era digital.
Jianwei Xun parecía ser real. Tenía un sitio web personal, existían imágenes suyas y diferentes fuentes autorizadas validaban su obra, pero todo se desmoronó cuando Sabina Minardi, redactora jefe de l’Espresso, acabó descubriendo que Jianwei Xun no existía y que su obra era producto de la inteligencia artificial.
El responsable del experimento editorial es Andrea Colamedici, filósofo y editor italiano, quien creó al supuesto pensador con herramientas de inteligencia artificial generativa, en concreto con ChatGPT y Claude.
La revelación ha generado un gran impacto en el mundo cultural, abriendo un debate sobre los límites entre la creación humana y artificial, la autoría y la autenticidad en el mundo literario. Amazon ya ha limitado la autopublicación por autor ante la proliferación de obras creadas con inteligencia artificial.
Repercusiones negativas en usuarios de IA
Un reciente estudio evaluó las consecuencias neuronales, lingüísticas y conductuales de escribir con ayuda de modelos de lenguaje de gran tamaño (LLM). La investigación se realizó en universidades del área de Boston (MIT, Wellesley College, Harvard, Tufts y Northeastern).
Los investigadores dividieron a los estudiantes en tres grupos: uno utilizó exclusivamente ChatGPT para escribir ensayos, otro recurrió a buscadores web tradicionales como Google, sin respuestas potenciadas por IA, y el tercero solo podía apoyarse en su propio conocimiento, sin herramientas externas. Durante las tareas, se registró la actividad cerebral mediante electroencefalografía (EEG), se analizaron los textos con técnicas de procesamiento de lenguaje natural (NLP) y se llevaron a cabo entrevistas post-tarea.
Los estudiantes que utilizaron ChatGPT presentaron una activación cerebral significativamente menor en áreas relacionadas con la memoria, la integración semántica y el control ejecutivo, en comparación con quienes escribieron sin ayuda externa. El 83 % de los usuarios que usaron ChatGPT fueron incapaces de recordar frases de sus propios ensayos minutos después de escribirlos, frente a solo el 11 % de quienes recurrieron a buscadores tradicionales o a su propio conocimiento. Los ensayos generados con ChatGPT resultaron más homogéneos y menos originales. Solo la mitad de los usuarios de ChatGPT sintió que el texto era realmente suyo, mientras que el sentido de autoría fue casi unánime en el grupo que no usó la inteligencia artificial.
Las entrevistas recogidas por el MIT Media Lab reflejan esta ambivalencia: algunos valoraron la ayuda de la inteligencia artificial para estructurar o corregir el texto, pero muchos describieron el resultado como «carente de alma».
El equipo de investigación advierte que la integración masiva de asistentes de inteligencia artificial en entornos educativos puede tener consecuencias no deseadas para el desarrollo de habilidades cognitivas. Los expertos recomiendan equilibrar el uso de la inteligencia artificial con estrategias que preserven el esfuerzo intelectual y la generación autónoma de ideas para evitar que la comodidad y eficiencia de estas herramientas tenga un costo oculto en el aprendizaje y la autonomía intelectual.
Conclusión
La inteligencia artificial generativa redacta bien, demasiado bien, tanto que la estricta corrección de sus textos hace que carezcan de personalidad. Cada persona tenemos un estilo de escritura particular, mejor o peor, pero propio. Si dejamos que la inteligencia artificial redacte por nosotros, terminaremos perdiendo habilidades fundamentales como análisis de texto y argumentación.
Con quince años sabía hacer cálculos matemáticos con notable fluidez. Hoy, me cuesta. ¿Por qué? Porque me sirvo de una calculadora para realizarlos. La inteligencia artificial puede ser una herramienta valiosa para ordenar ideas, buscar fuentes de información y deducir conclusiones, pero si dejamos que haga todo el trabajo por nosotros, corremos el riesgo de volvernos incapaces.
El proceso creativo es donde el autor encuentra el verdadero valor de su obra, ya que es ahí donde desarrolla y fortalece sus habilidades, más allá del resultado final, así que no confíen todo a la IA.
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