Jianwei Xun se presentó en enero de 2025 como un filósofo hongkonés revolucionario afincado en Berlín, autor del ensayo: «Hipnocracia: Trump, Musk y la nueva arquitectura de la realidad», en el que reflexiona sobre el poder, la manipulación narrativa y la «hipnocracia» en la era digital.
El libro generó revuelo, con reseñas en medios como Le Monde, El País y Libération, debates en seminarios y ventas notables en Amazon. Xun tenía un sitio web profesional (jianweixun.com), fotos suyas, biografía detallada y aparente credibilidad. Sin embargo, en abril de 2025, la periodista Sabina Minardi, redactora jefe de la revista italiana L’Espresso, desveló la verdad tras intentar contactar repetidamente al Jianwei Xun: no existía, todo era un experimento deliberado orquestado por el filósofo, ensayista y editor italiano Andrea Colamedici, quien coescribió el texto con ChatGPT y Claude, firmando como «traductor» para mantener la ilusión.
El caso provocó acusaciones de deshonestidad, debates éticos y legales. Colamedici defendió la maniobra no como un engaño malintencionado, sino como un experimento social para demostrar al mundo cómo la IA –capaz de producir discursos coherentes, convincentes y culturalmente relevantes– puede erosionar nuestra capacidad de distinguir lo auténtico de lo sintético.
Repercusiones negativas en usuarios de IA
Un estudio evaluó las consecuencias neuronales, lingüísticas y conductuales de escribir con ayuda de modelos de lenguaje de gran tamaño (LLM). La investigación se realizó en universidades del área de Boston (MIT, Wellesley College, Harvard, Tufts y Northeastern).
Los investigadores dividieron a los 54 personas (entre 18 y 39 años) en tres grupos: uno utilizó exclusivamente ChatGPT para escribir ensayos; otro recurrió a buscadores web tradicionales como Google, sin respuestas potenciadas por IA; y el tercero solo podía apoyarse en su propio conocimiento, sin herramientas externas. Durante las tareas, se registró la actividad cerebral mediante electroencefalografía, se analizaron los textos con técnicas de procesamiento de lenguaje natural (NLP) y se llevaron a cabo entrevistas post-tarea.
Los estudiantes que utilizaron ChatGPT mostraron una activación cerebral significativamente menor en áreas relacionadas con la memoria, la integración semántica y el control ejecutivo, en comparación con quienes escribieron sin ayuda externa. El 83 % de los usuarios que usaron ChatGPT fueron incapaces de recordar frases de sus propios ensayos minutos después de escribirlos, frente a solo el 11 % de quienes recurrieron a buscadores tradicionales o a su propio conocimiento. Los ensayos generados con ChatGPT resultaron más homogéneos y menos originales. Solo la mitad de los usuarios de ChatGPT sintió que el texto era realmente suyo, mientras que el sentido de autoría fue casi unánime en el grupo que no usó la inteligencia artificial.
Las entrevistas recogidas por el MIT Media Lab reflejan esta ambivalencia: algunos valoraron la ayuda de la inteligencia artificial para estructurar o corregir el texto, pero muchos describieron los resultados como «carentes de alma», «fríos» o «demasiado perfectos».
El equipo de investigación advierte que la integración masiva de asistentes de inteligencia artificial en entornos educativos puede tener consecuencias no deseadas para el desarrollo de habilidades cognitivas. Los expertos recomiendan equilibrar el uso de la inteligencia artificial con estrategias que preserven el esfuerzo intelectual y la generación autónoma de ideas para evitar que la comodidad y eficiencia de estas herramientas tenga un costo oculto en el aprendizaje y la autonomía intelectual.
Conclusión
La inteligencia artificial generativa redacta bien, demasiado bien, tanto que la estricta corrección de sus textos hace que carezcan de personalidad. Cada persona tenemos un estilo de escritura particular, mejor o peor, pero propio. Si dejamos que la inteligencia artificial redacte por nosotros, terminaremos perdiendo habilidades fundamentales como análisis de texto y argumentación.
Con quince años sabía hacer cálculos matemáticos con notable fluidez. Hoy, me cuesta. ¿Por qué? Porque me sirvo de una calculadora para realizarlos. La inteligencia artificial puede ser una herramienta valiosa para buscar fuentes de información, ordenar ideas, hacer resúmenes o deducir conclusiones, pero si dejamos que haga todo el trabajo por nosotros, corremos el riesgo de atrofiarnos y volvernos incapaces.
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