Los conocidos como Agentes de Inteligencia Artificial son sistemas autónomos que interactúan con su entorno, procesan información y ejecutan tareas de forma independiente, caracterizándose por su capacidad para adaptarse a los cambios y aprender de la experiencia, lo que les permite mejorar su rendimiento de forma continua.
La abogacía lleva años experimentando una transformación digital sin precedentes. Todo empezó con los modernos repertorios de jurisprudencia que nos han evitado la tediosa labor de buscarla en los viejos tomos de Aranzadi. Los más mayores reconocerán aquel suplicio. Por suerte, me toco de refilón.
En el mercado existen herramientas impulsadas por inteligencia artificial que facilitan tareas como: consultas rápidas, análisis de documentos, redacción de contratos, organización de expedientes, búsqueda de jurisprudencia, respuestas a correos electrónicos y transcripción de vistas, entre otras funcionalidades. A diferencia de la inteligencia artificial generativa básica, estos agentes pueden entender instrucciones, buscar en bases de datos, tomar decisiones dentro de reglas definidas y ejecutar proyectos de principio a fin.
No está lejos el día en que los agentes de inteligencia artificial responderán en tiempo real a nuestros clientes, por ejemplo, para responder consultas o informarles sobre el estado de tramitación de sus procedimientos. Ventajas: trabajan las 24 horas del día durante los 7 días de la semana y son capaces de mejorar sus resultados tras múltiples interacciones.
Actualmente, las herramientas de inteligencia artificial más eficientes son costosas, pero como todo, una vez que se generalicen, se irán abaratando.
En todo caso, es prioritario asegurarse de que el proveedor de servicios mantiene sus herramientas actualizadas mediante una supervisión y optimización constantes. En el sector legal es indispensable para evitar alucinaciones o sesgos.
Conclusión
Me preguntaba un amigo, también abogado, cómo creo que será el futuro de nuestra profesión con la inteligencia artificial. Obviamente no tengo dotes adivinatorias, pero sí creo que veremos, en pocos años, cambios bruscos en la profesión.
Caminamos hacia una polarización entre la especialización y la industrialización. Pronto proliferarán plataformas digitales que, haciendo uso de la inteligencia artificial, ofrecerán servicios legales a precios muy competitivos, por ejemplo, para la redacción de documentos legales o la resolución de consultas, lo que lastrará a los despachos más pequeños que difícilmente podrán competir. La alternativa pasa por la especialización, aunque no es una tarea sencilla.
En Estados Unidos, en los años 80 del siglo pasado, surgió un modelo de negocio en el sector legal que se conoce como «despachos boutique». El nombre no parece el más afortunado para un despacho de abogados, pues al oírlo nuestra mente lo asocia a tiendas de moda especializadas. El nombre da igual, lo importante es el concepto que diría Pazos en la película Airbag. Los despachos boutique o boutique legal se caracterizan por la alta especialización en ramas específicas del derecho, ofreciendo un servicio personalizado y de calidad superior.
La integración de nuevas tecnologías, como la inteligencia artificial, otorga a los despachos boutique una ventaja competitiva al optimizar el tiempo y potenciar la especialización de sus miembros, pues si algo nos falta en los despachos es tiempo. Ese tiempo extra lo podemos invertir en formación, en mejorar la comunicación con los clientes, etc.
La inteligencia artificial no va a sustituir a los abogados; ahora bien, aquellos abogados que incorporen la inteligencia artificial al oficio puede que sí sustituyan a los que no lo hagan.
No se pierda nuestro podcast sobre el artículo


