El 19 de julio de 2024, el mundo experimentó un gran apagón digital. Un código defectuoso distribuido como actualización del producto de monitorización «Falcon» de la compañía CrowdStrike provocó que los ordenadores con Windows (versiones 10 y superiores) entraran en una espiral de reinicios catastróficos.
Microsoft estimó que impactó a unos 8,5 millones de dispositivos Windows (menos del 1 % del total mundial de Windows), pero la concentración en entornos empresariales y críticos amplificó el caos global, viéndose afectados diversos sectores estratégicos (aviación, sanidad, finanzas). El coste económico se estimó en miles de millones de dólares.
CrowdStrike publicó un análisis del incidente el 6 de agosto de 2024.

CrowdStrike no es la única empresa que ha provocado caídas de Windows. Actualizaciones de Kaspersky han provocado inestabilidades o caídas en algunos entornos. Incluso Windows Defender ha generado falsos positivos y bloqueos en actualizaciones puntuales, aunque de menor alcance.
Conclusión
Las actualizaciones deben probarse en entornos controlados antes de su despliegue. Solo cuando se ha comprobado que todo funciona correctamente deben implementarse los cambios.
Incidentes como el de CrowdStrike evidencian la fragilidad del mundo digital.


