El 4 de junio de 2026, el presidente de Argentina, Javier Milei, junto al ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, publicó una columna de opinión en el Financial Times titulada Argentina invita a la IA a liberarse a sí misma.
En el artículo, defienden que la IA debe desarrollarse «libremente, sin la mano mortal de una regulación prematura y mal comprendida». Según su visión, regular demasiado pronto esta tecnología frena la innovación, consolida monopolios y perjudica el progreso humano.
Los tres pilares del proyecto de ley
El Gobierno envió al Congreso un proyecto de ley que modifica la Ley de Sociedades de 1972 y se enmarca en el denominado “Super RIGI” (Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones).
La iniciativa se articula en torno a tres ejes fundamentales:
- El compromiso de mantener a la IA libre de regulación, para que pueda desarrollarse sin la mano letal de regulaciones prematuras y mal comprendidas.
- Creación de corporaciones no humanas: se propone una nueva categoría societaria para entidades operadas por algoritmos, IA o robots. Sobre este punto hablé en detalle aquí.
- Entorno fiscal competitivo: a través del Super RIGI se ofrecen impuestos reducidos, libre disponibilidad de divisas y estabilidad normativa durante 30 años para proyectos de gran escala (inversiones superiores a 1.000 millones de dólares) en IA, centros de datos, semiconductores y tecnologías relacionadas.
Además de lo anterior, el Gobierno destaca ciertas ventajas competitivas del país, como la disponibilidad de grandes extensiones de tierra, condiciones climáticas favorables (especialmente en la Patagonia) para el enfriamiento de centros de datos, acceso a energía y talento técnico cualificado.
El artículo publicado en el Financial Times concluye: «Estamos abiertos a los negocios. Con el espíritu de los comerciantes holandeses que convirtieron a Ámsterdam en la capital financiera del siglo XVII, pretendemos ofrecer el entorno legal y fiscal más atractivo para las empresas de inteligencia artificial que definirán el siglo XXI. Que Buenos Aires se convierta para la IA en lo que Ámsterdam fue para la era de la navegación a vela: el lugar donde la imaginación jurídica alcanzó al momento tecnológico y cambió el mundo».
Reacciones y voces críticas
Mientras los aliados del Gobierno celebran la iniciativa como una oportunidad histórica para atraer inversiones millonarias, numerosas voces críticas advierten de riesgos éticos y de soberanía, beneficios desproporcionados para las grandes tecnológicas y protección insuficiente en materia de datos personales y derechos laborales.
Conclusión
En abril de 2026, Peter Thiel –fundador de Palantir Technologies— se reunió en la Casa Rosada con el presidente Milei. Estuvieron presentes en esa reunión el ministro de Relaciones Exteriores, Pablo Quirno, y dos de los socios de Thiel: Matt Danzeisen, gestor del fondo de Thiel Capital, y Matías Van Thienen, socio en Founders Fund. Poco después, Thiel se trasladó a vivir con familia a un exclusivo barrio de Buenos Aires, donde adquirió una propiedad por 12 millones de dólares.
Peter Thiel no es una figura cualquiera. Acumula un gran poder e influencia, por ejemplo, en la Administración Trump. Su visión del futuro puede resumirse en una frase terrible, que él mismo pronunció: «Ya no creo que la libertad y la democracia sean compatibles».
A la luz de los acontecimientos, surgen varios interrogantes: ¿Pretenden convertir a Argentina en un laboratorio global de IA desregulada? ¿Puede la desregulación impulsar la innovación sin poner en riesgo derechos ni concentrar poder? Reflexionen sobre ello.


