Este fin de semana terminé de leer un libro que me recomendó un amigo, también abogado. Se titula Inteligencia artificial y derecho: análisis desde la ética profesional. La autora es Paulina Zorrilla Alonso. Está disponible en formato digital abierto a través del sitio web del Centro de Estudios sobre la Enseñanza y el Aprendizaje del Derecho de México. Lo dejo enlazado aquí.
La autora plantea una cuestión: ¿La inteligencia artificial reemplazará en un futuro no muy lejano a los y las abogadas? Su vaticinio es que un sector de la profesión se desempeñará más como un asesor moral que como un asesor técnico.
A medida que la tecnología avance y la IA pueda ofrecer asesoramiento legal preciso, rápido y, en muchos casos, más económico que un abogado tradicional, surge un reto claro para la abogacía: centrarse más en la justicia y la ética.
Conclusión
Es evidente que los abogados tendremos que aportar algo más que conocimiento técnico-jurídico, pues la IA ya resuelve muchas cuestiones legales de forma autónoma. Por ello comparto plenamente el enfoque de la autora.
Esta visión coincide además con el espíritu del compliance moderno: pasar de un abogado reactivo a uno proactivo, es decir, asesorar al cliente antes de que el problema surja, con un conocimiento previo y profundo de su realidad. Cuesta que muchos clientes lo entiendan, pero es el camino correcto. Es muy similar a lo que ocurre en la medicina: es mucho más efectivo acudir al médico ante las primeras molestias y recibir un tratamiento preventivo, que esperar a que la enfermedad avance y las opciones sean limitadas.
El compliance no es solo cumplir la ley; va de crear una cultura ética de verdad en la organización, basada en la integridad, la transparencia, el respeto y la sostenibilidad, que al final son la base de una buena reputación. Es la forma de entenderlo en la que creo.


