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JAVIER CASAL TAVASCI

Suicidio de menores. Inducción e integridad moral

El tema del que les hablaré es delicado. Por desgracia, es una realidad, que tenemos que visualizar para tratar de ponerle fin, así que hablemos del suicidio de menores

El suicidio implica el acto por el cual una persona provoca su propia muerte de manera voluntaria. En los menores, el suicidio no implica un deseo de morir, sino que aparece como el último recurso para escapar de una situación para la cual no encuentran salida. Alguien dijo: El suicidio no se elige, sucede cuando el dolor excede los recursos para afrontarlo.

Tras el suicidio de un menor se intentan buscar las razones que pudieron conducirle a tal decisión. En ocasiones, se habla de trastornos mentales o psicológicos, abusos sexuales, violencia, acoso escolar… acompañados de muestras de retraimiento y aislamiento social, alarmante retroceso del rendimiento escolar, desprendimiento de posesiones favoritas… la verdad, no me atrevo a señalar los factores que inducen a un menor a tomar una decisión tan drástica como es quitarse la vida, sencillamente porque no alcanzo a comprenderlo, lo que no es excusa para no analizar la realidad y enfrentarse a ella.

Si el problema es un trastorno mental o psicológico del menor, hay que tratarlo. Si el problema está en el seno familiar, hay que resolverlo. Si está en el colegio, hay que atajarlo… no son situaciones fáciles de detectar, o se detectan demasiado tarde, por eso hay que analizar el comportamiento de los menores y hay que escucharles.

Existe la teoría del «efecto llamada» cuando se publican noticias sobre el suicidio. Esta idea procede del Romanticismo. Les explicaré el origen: el novelista, poeta y dramaturgo alemán, Johann Wolfgang von Goethe, contribuyente fundamental del Romanticismo, publicó en el año 1774 la novela Las penas del joven Werther. El protagonista es un joven que sufre por un amor imposible, hasta tal punto que acaba por quitarse la vida. Fue una novela muy popular entre los jóvenes de la época y algunos, con sentimientos parecidos a los del joven Werther, imitaron su final.

En el lado opuesto, se encuentra el «efecto Papageno». Este personaje, procedente de La flauta mágica de Mozart, abandona la idea del suicidio cuando tres espíritus terminan por persuadirle de abandonar su intento, mostrándole las alternativas a la muerte. Observamos así dos efectos opuestos a la hora de hablar o informar de suicido.

Personalmente, no creo en el «efecto llamada», o «efecto werther» por aquello de la novela; más bien, creo que el tabú es una barrera para la prevención del suicidio.  

El suicidio de menores existe en nuestra sociedad. No hablar de ello es como querer tapar el sol con un dedo para negar la realidad. Hace años no se hablaba de la violencia doméstica o de género. Hoy se habla y se lucha para acabar con ella. Con este tema ha de pasar lo mismo. Aunque no sea fácil, hay que exponerlo ante la sociedad para encontrarle remedio. Los expertos en salud mental opinan que hablar de las víctimas comporta cierto grado de consuelo para familiares y amigos. No olvidemos que la persona que se quita la vida, se lleva consigo una parte de la vida de sus familiares y amigos y que la perdida requiere consuelo y duelo.

Los medios de comunicación y las redes sociales juegan un papel trascendental en nuestra sociedad, pero cuidado cómo se informa, pues lo que se diga puede influir, de forma directa o indirecta, en nuestra forma de pensar. Este tema es delicado. No se puede banalizar.

Si hacen memoria seguro que recuerdan el caso de Jokin Ceberio Laboa, que se arrojó al vacío desde la muralla de Hondarribia sin llegar a cumplir los 15 años. La sentencia de su caso, que dejo enlazada aquí, cuenta que el origen de su calvario fue un problema intestinal que le causó una diarrea involuntaria en clase. Ahí empezaron los insultos y burlas. Al año siguiente, Jokin y tres amigos fueron a una excursión escolar, donde fueron sorprendidos por un monitor fumando hachís. El centro dirigió una carta a los padres de los cuatro menores. La carta llegó a manos de los padres de Jokin. Las otras tres no llegaron a sus destinatarios porque los tres menores las interceptaron. Los padres de Jokin tomaron la decisión de hablar con los padres de dichos menores. Este hecho cambió radicalmente la posición de Jokin en su cuadrilla de amigos, pues paso de ser uno más a convertirse en el chivato. A partir de ese momento, las humillaciones y agresiones fueron continuas, pero Jokin no se defendía. El centro, al tener conocimiento de los hechos, llamó a los padres de Jokin y a los padres de los menores que le acosaban. Eran siete chicos y una chica. El centro promovió una reunión con los padres de Jokin y los menores implicados, donde hubo enfrentamientos verbales por ambas partes. Al día siguiente, siendo las 7 de la mañana, Jokin se arrojó al vació y falleció. A los ocho menores se les abrió un expediente disciplinario que concluyó con una sanción de expulsión del Instituto Talaia por siete días. 

El caso se judicializó, tras la denuncia de los padres de Jokin contra los ochos menores implicados, a los que imputaban un delito de inducción al suicidio.

La inducción al suicidio, prevista y penada en el artículo 143 del Código Penal, es aquel acto realizado por quien convence a otra persona, que por sí sola no habría adoptado tal decisión, de que se quite la vida, mediante una incitación directa, dolosa, determinante y eficaz. Se realiza, pues, cuando alguien mediante un influjo meramente psíquico, pero eficaz y directo, se convierte en la causa de que otro decida poner fin a su propia existencia, lo que quiere decir:

a) Que la influencia del inductor ha de incidir sobre alguien que, previamente, no estaba decidido a suicidarse.

b) Que la incitación ha de ser intensa y adecuada, de forma que motive suficientemente al inducido a la perpetración del hecho deseado.

c) Que el inductor haya actuado con la doble intención de provocar la decisión criminal y de que el crimen efectivamente se ejecute.

En el caso de Jokin, el tribunal absolvió a los ochos menores del delito de inducción al suicidio, pero los condenó por un delito contra la integridad moral, imponiéndoles la medida de 18 meses de libertad vigilada. A cuatro de ellos, también, les impuso la medida de 3 fines de semana de permanencia en centro educativo por una falta de lesiones.

La falta de lesiones (actualmente, delito de lesiones leves) entiendo que no requiere explicación, toda vez que se trata de causar un daño físico leve a otra persona. Si requiere explicación, el delito contra la integridad moral, previsto y sancionado en el artículo 173 del Código Penal, que castiga con prisión de seis meses a dos años, «al que infligiere a otra persona un trato degradante, menoscabando gravemente su integridad moral». 

El delito contra la integridad moral, lo explica bien el Tribunal Supremo en un caso muy reciente, cuya sentencia dejo enlazada aquí. Se trataba de una trabajadora, obligada a un clima de permanente humillación, con actos reiterados de hostilidad y humillantes, que le provocaron la pérdida de su autoestima, como acto previo al suicidio. 

Otra variante es la promoción del suicidio, tipificada en el artículo 143 bis, que es sancionable cuando los contenidos vayan dirigidos, a través de medios tecnológicos y de manera específica, a menores o discapacitados necesitados de protección. Podría entenderse como una variante indirecta de la inducción al suicidio y se castiga con pena de prisión de uno a cuatro años.

Detrás de cada suicidio, hay un nombre: Karla López López que, con 15 años, se arrojó al vacío antes de acudir al colegio, Laura Espinosa Sancho que hizo lo mismo con 14 años, Ilan Barbosa Moreno que se quitó la vida con 11 años, Alejandro Castillo Gil que ni siquiera los llegó a cumplir… y tantos otros nombres que no salen a la luz.

El psicólogo Francisco Villar Cabella, que coordina el programa de atención a la conducta suicida del menor en el Hospital Sant Joan de Déu de Esplugues de Llobregat, autor de Morir antes del suicidio. Prevención en la adolescencia, nos habla de que el número de suicidios en España en el año 2021 se ha incrementado un 300%.

En España, existen algunos recursos para tratar de prevenir los suicidios y reparar las consecuencias:

La situación es preocupante y ¿queremos seguir tapando el sol con un dedo para negar la realidad?

Y recuerden que un intento de suicidio, no es una llamada de atención, es una petición de ayuda.

Este artículo viene a completar una serie sobre menores, que dejo enlazada a continuación:

El tratamiento de la imagen de los menores

Riesgos del Sharenting

Defensa de nuestra propia imagen. Casos reales

Redes sociales de menores

Acoso escolar y protección de datos

Centros docentes y protección de datos. Parte I

Centros docentes y protección de datos. Parte II

Centros docentes y protección de datos. Parte III

AMPAs y protección de datos

Videos promocionales de centros docentes protagonizados por menores

Lucha contra el abuso sexual infantil

Legalidad de las grabaciones a docentes

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